Friday, November 20, 2009

Parasha Toldot

T
Toldot
Resumen de la parashá

Durante sus primeros veinte años de casados, Itzjak y Rivká no tuvieron hijos. Rezaron a D-s y El atendió sus oraciones y los bendijo dándoles mellizos. Eisav, el mayor, era un hombre de campo, un cazador. Iaakov, el menor, era un erudito que se pasaba todo el tiempo estudiando la Torá. Cada progenitor tenía su hijo favorito. Itzjak, mostraba afecto por Eisav, en tanto que Rivká, prefería a Iaakov.

Cierto día Eisav volvió a su hogar desde el campo, muy cansado, y advirtió que Iaakov estaba cocinando lentejas rojas. Eisav le dijo a Iaakov: "Dame rápido un poco de ese guiso para comer, pues estoy cansado".

Iaakov respondió: "Véndeme a cambio tus privilegios de primogénito". Iaakov sabía que hasta que Hashem eligiera a Aaron y sus descendientes para servir como la familia sacerdotal, serían los primogénitos quienes oficiarían como sacerdotes ante el Señor. Eisav no era digno de esa tarea de santidad. "¿De qué me sirven los derechos de primogenitura?", razonó Eisav. "Júramelo", djo el precavido Iaakov, Y así fue. Iaakov le dio a Eisav pan y lentejas a cambio de los derehcos de primogenitura, por los cuales éste había mostrado tan poco interés.

Para escapar de las garras del hambre Itzjak se trasladó temporariamente a Guerar. D-s se le apareció y le dijo que mantendría la promesa que le había hecho a su padre Abraham. le aseguró entonces a Izjak que tendría hijos tan numerosos como las estrellas del cielo y que sus descendientes heredarían la tierra de Canaan.

Tomando las mismas precausiones que su padre Abraham, Itzjak le dijo a la gente de Guerar que su esposa Rivka era su hermana. Avimélej, rey de Guerar, descubrió la verdad y ordenó que cualquiera que dañara a Itzjak o su esposa fuera ejecutado. Con la ayuda del Señor, Itzjak pronto se tornó muy próspero. Esto despertó la envidia de la población local y Avimelej le pidio que abandonara la región. Mientras estaba en el valle de Guerrar, Izjak cavó los viejos pozos de agua de su padre. Eventualmente se trasladó a Beer Sheva. Al poco tiempo, fue visitado por Avimelej, quien reconoció que Izjak era una persona santa favorecida por D-s, y ambos acordaron firmar un tratado de paz. Entretanto, Eisav provocó la pena de sus padres al casarse con dos mujeres hititas.

Itzjak había envejecido y perdido la vista, y sintió que había llegado el momento de bendecir a su hijo mayor. En consecuencia, pidió a Eisav que fuera al campo a cazar y que convirtiera la presa en un plato sabroso para él. Luego lo bendeciría. al oir esta conversación, Rivká vistió a Iaakov con ropas de Eisav, cubrió sus manos y su cuello con piel de cabra para que para que pareciera al tacto tan velludo como Eisav, y lo envió a ver a Itzjak y llevarle una sabrosa comida hecha con carne de cabra y pan, que ella había preparado. La voz de Iaakov despertó las sospechas de Itzjak, pero luego se tranquilizó al sentir las manos "velludas" como las de Eisav.

Itzjak, preparado para bendecir a su hijo, le pidió que se acercara. Iaakov así lo hizo y besó a su padre. Itzjak bendijo a su hijo diciendo: "D-s te dé del rocío del cielo y de las grosuras de la tierra, y abundante trigo y vino. Sírvanse pueblos y porsternense delante de ti naciones....Los que te maldijeren serán malditos, y benditos los que te bendijeren".

Tan pronto como Iaakvo hubo salido, regresó Eisav y la verdad fue descubiera. Sin embargo, Itzjak no revocó su bendición a Iaakov. Enlugar de ello aceptó bendecir también a Eisav y predijo que sus descendientes vivirán por la espada y serivirían a los descendientes de Iaakov en la media en que éstos se comportarán correctamente. Pero si los descendientes de Iaakov se desviaran del sendero de la Torá, los de Eisav se liberarían de esta obligación.

Eisav estaba muy perturbado por la artimaña de Iaakov y planeó matarlo ni bien muriera su padre. Para evitar esto, Rivká instruyó a Iaakov a fin de que abandonara su hogar y viviera en la casa de su hermano Lavan, en Jarán. Itzjak le dio un consejo similar y expresó el deseo que de Iaakov eligiera una esposa de estre la familia de su tío. Luego lo bendijo nuevamente para quelas bendiciones de Abraham se cumpliesen en él y sus descendientes, y heredasen la tierra de Canaan.

Después que Iaakov hubo abandonado Beer Sheva, Eisav trató de complacer a sus padres casandose con una hija de Ishmael.

(Extraído del libro "Lilmod ULelamed" de Edit. Yehuda)

*

De Perros y Rabinos


Extraido de Revista Kesher

Pregunta:

¿Por qué los judíos religiosos les temen a los perros? Siempre que saco a pasear a mi perro y paso al lado de una familia judía observante, veo que todos los niños se esconden aterrorizados detrás de las polleras de sus madres. ¿Será que, de alguna manera, los perros son considerados malditos?

Respuesta:

Puedo imaginarme exactamente cómo se siente tu perro. A menudo recibo la misma reacción por parte de judíos. Aunque muchos judíos observantes le tienen miedo a los perros, muchos judíos no observantes le tienen terror a los rabinos. Hay algo que los perros y los rabinos tenemos en común, que hace que ambos provoquemos temor. Y no es por un tema de tener pelos en la cara. La gente le tiene miedo a lo que le resulta extraño, raro.

La mayoría de los hogares religiosos no tienen mascotas. Quizás esto se deba a que las familias con muchos hijos probablemente no busquen la compañía de seres que no son humanos, o porque puede ser complicado cuidar de los animales en Shabat, o quizás sea simplemente un tema cultural. Pero, sin tomar en cuenta al ocasional pececito, es raro encontrar mascotas en las comunidades observantes. Es así que quienes no están habituados a la compañía canina, a menudo les tienen miedo a los perros.

Es por el mismo motivo que la gente le teme a los rabinos. Tanto los perros como los rabinos son queridos por quienes los conocen y despiertan el temor de aquellos que no están familiarizados con ellos. Pero aquí es donde termina la similitud. Las causas que están en la base de estos dos temores son muy diferentes, hasta se podría decir que son casi opuestas. El temor a los perros (cinofobia) viene del miedo a ser mordido.

El temor a los rabinos (rabinofobia) proviene del miedo a recibir una inspiración. Lo que a muchos judíos les inspira más temor es que, si aprenden un poco más sobre el judaísmo, éste podría llegar a gustarle. Y, si fuera así, podrían querer más. Y si desearan aún más, es posible que tuvieran que adoptar una forma de vida más judía. Esto significa cambio, y el cambio, aún cuando sea para mejorar, da miedo. La cura para la cinofobia es jugar con algunos perros y ver que el temor no tiene fundamento.

Pero, la cura para la rabinofobia es informarte sobre el judaísmo y hacer que tu mayor miedo se convierta en realidad, vas a ver que te va a gustar y que querrás seguir aprendiendo aún más.

Aaron Moss

Thursday, November 19, 2009

Cuando matar bebés es legítimo Rabinos sionistas subvencionados por el Gobierno israelí explican que se puede dar muerte a niños gentiles si sus padre

Ramón Mitpze ( http:///prohibitedgarden.blogspot.com/ ) - 19-11-2009 - 15:21:47h

Es claro que son el pueblo elegido, lo que no queda claro es quién lo eligió, si Dios o el propio diablo.





REPORTAJE

Cuando matar bebés es legítimo

Rabinos sionistas subvencionados por el Gobierno israelí explican que se puede dar muerte a niños gentiles si sus padres son malvados

JUAN MIGUEL MUÑOZ | Jerusalén 19/11/2009

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Hace un mes varios soldados israelíes celebraron su graduación y estamparon su mensaje en una pancarta: "El batallón Shimshom no evacuará Homesh". Ese batallón pertenece a la brigada Kfir del Ejército israelí, desplegada en el territorio palestino de Cisjordania. Y Homesh es una colonia al noroeste de Nablus, desmantelada en agosto de 2005 y a la que han regresado varios fanáticos con intención de reconstruirla.

      La noticia en otros webs

      El lunes, otros seis militares imitaron a sus colegas en armas en otro acto en una base al sur de Hebrón. "La Brigada Nahshon tampoco evacúa". Son jóvenes que estudian en Hesder Yeshivas, las 62 escuelas que combinan estudios militares con el aprendizaje de la Torá. En alguna de ellas, alzadas en los asentamientos, se imparten lecciones escabrosas.

      El Gobierno israelí insiste en que toda incitación contra Israel debe ser atajada de raíz si los palestinos desean algún día vivir en un Estado independiente. La Autoridad Palestina se puso manos a la obra hace pocos años y ha recibido el aplauso del Gobierno de Estados Unidos por sus esfuerzos en los colegios. Hoy día, funcionarios del Ejecutivo palestino reciben con 24 horas de antelación los sermones que los imanes pronunciarán los viernes, y los templos se cierran una vez acabada la oración.

      Ya no se permite que los islamistas, perseguidos con denuedo, utilicen las mezquitas a su antojo para instigar el desprecio al judío. "Los espías abundan en cada rezo. La gente no se atreve a comentar nada con desconocidos", asegura Issa, un treintañero de un pueblo lindante con Jerusalén. En Gaza, estrangulada desde hace tres años y regida por Hamás, la historia es diferente: los niños maman el odio. En las mencionadas yeshivas se difunde también, y con dinero público, un odio atávico, aunque, naturalmente, la diana es el árabe.

      ¿Y qué enseñan en la yeshiva de Yitzhar los rabinos Yitzhak Shapira y Yosef Elitzur? Que en determinados supuestos, y la laxitud produce vértigo, se puede matar a niños gentiles. Para estos rabinos, paladines del sionismo religioso, el árabe, el cristiano -todo gentil- es un ser inferior, a menudo peligroso, y siempre alguien digno de desconfianza.

      ¿En que circunstancias se puede matar a bebés? "Porque su presencia puede promover los asesinatos. Existe una razón para dañar a los niños si está claro que crecerán para hacernos daño... Está permitido dañar a los hijos de un líder para presionarle con el fin de que no actúe malvadamente... Hemos visto en la Halaja [ley religiosa judía] que incluso existe causa para matar a los bebes de gentiles que no violan las siete leyes otorgadas por Dios a Noé por la futura amenaza que causarán si son criados por gente malvada como sus padres", han escrito Shapira y Elitzur en su libro La Torá del Rey: leyes sobre la vida y la muerte entre los judíos y las naciones". Se ha vendido con éxito en Mercaz Harav, una yeshiva de Jerusalén que es el buque insignia del sionismo religioso.

      El lunes, el diario Haaretz informaba de que la yeshiva dirigida por Shapira recibió fondos del Estado por valor de 150.000 shekels (27.000 euros) desde 2007. El Ministerio de Educación, según la ONG israelí Yesh Din, aportó otro millón de shekels (180.000 euros) entre 2006 y el año siguiente. El Ejecutivo hebreo ni siquiera se plantea sanciones pecuniarias.

      Shapira y Elitzur animan a sus alumnos a hacer caso omiso de las leyes civiles de su propio país. "No se necesita una decisión del Estado para permitir el derramamiento de sangre de quienes pertenecen al imperio malvado. Incluso los individuos atacados por la soberanía del mal pueden tomar represalias", escriben. La distinción entre soldados y civiles en tiempo de guerra es asunto poco relevante. "El principal esfuerzo de la guerra debe destinarse a quienes intentan matar, pero cualquiera que es miembro de la nación enemiga es considerado un enemigo".

      Son un buen puñado los rabinos que llevan décadas esparciendo semejante ideología. Durante la guerra de Gaza, el invierno pasado, se distribuyeron panfletos entre la tropa en los que se instaba a no mostrar piedad con el enemigo. El rabino jefe del Ejército, Avichai Rontzki, insistió la semana pasada en la inclemencia que debe adornar a los militares en el campo de batalla. Al Gobierno de Benjamín Netanyahu no le preocupan demasiado estas proclamas de los barbudos rabinos. Sí el desacato de los uniformados que advierten su disposición a incumplir órdenes de sus mandos. "Rechazar una orden", aseguró el martes, "significa la quiebra del Estado. No debe ocurrir, y haremos todo lo posible para poner fin a la desobediencia". Ya ha habido casos en que la policía, y no el Ejército, se ha hecho cargo de la evacuación de cientos de colonos.

      Eliezer Melamed, rabino de la colonia de Bracha, una de las más combativas en el acoso a los pueblos árabes vecinos, en las inmediaciones de Nablus, no parece dispuesto a ceder. Acaba de publicar Revivim, un libro en el que explica: "Una sencilla ley de la Halaja precisa que está prohibido para cualquier persona, soldado u oficial, participar en el estrictamente prohibido acto de expulsión de judíos de sus casas y en la entrega de cualquier porción de la Tierra de Israel al enemigo. Quien viola este precepto, viola varios mandamientos de la Torá".

      A juicio de Melamed, "la mayoría de los oficiales superiores están contaminados por la política". De una ventaja disfrutan los militares que rechazan cumplir una orden por motivos ideológicos. Por cada día que permanecen en una prisión militar -suelen ser condenados a 30 días de cárcel- reciben de una ONG israelí 1.000 shekels (unos 190 euros). Algunos jefes militares han salido a la palestra para asegurar que los alumnos de las Hesder Yeshivas son excelentes soldados, y la asociación que agrupa a las 62 escuelas talmúdicas también afirma que las amenazas de incumplir las supuestas órdenes de evacuación de colonos -muchos de ellos sirven en filas precisamente en Cisjordania- son excepcionales. No lo son tanto. Y muy poco se hace para parar los pies a esos rabinos desaforados.

      A este caldo de cultivo de la xenofobia acuden gustosos personajes como el ciudadano israelí de origen estadounidense Yaakov Teitel. Procesado por el asesinato de dos palestinos en los años noventa y por tropelías de toda índole contra policías israelíes, profesores universitarios u homosexuales, declaraba ufano en el juicio que acaba de abrirse en su contra: "Sin duda, Dios está satisfecho conmigo".


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      Comentarios - 218

      • 218

        Pedro M - 19-11-2009 - 16:42:56h

        ¿Y estos son los que se quejan del Holocausto o se pegan cabezazos contra el Muro de las Lamentaciones? Una pira habría que hacer ahora con unos cuantos rabinos de mierda, incluyendo a los políticos del Estado Terrorista de Israel. Y lo mismo con algunos obispos e imames de esas podridas y malditas religiones.

      • 217

        j.martinez - 19-11-2009 - 16:42:16h

        parece que atacar a los muslmanes esta de moda, pero acuerdense de que el 11-M fue una respuesta a una invasion ilegal de Irak por parte de nuestro pais.Decir que los musulmanes son violentos es una barbaridad, y solo apto para aquellos que no hayan visitado nunca un pais musulman y desconocen de sus valores morales.que haya fanaticos no significa que nos de derecho a generalizar, ya que si en este mundo hay alguna religion que haya causado mas muertos , esa es el cristianismo. acuerdense de la historia y juzguen con conocimientos.

      • 216

        Gaizka - 19-11-2009 - 16:41:10h

        Esta gentuza acabará devorando a la propia sociedad israelí. Los palestinos ya saben muy bien de qué calaña son esos individuos que les apedrean, queman sus olivos y roban sus tierras. Cuando los israelíes se den cuenta, tal vez sea ya demasiado tarde. Recuerdo las palabras de otro mesiánico peligroso, Simon Riklin, adviertiendo en un acto público en el año 2000 que "si Barak obligaba a evacuar asentamientos podría muy bien ser asesinado".

      • 215

        Gaston - 19-11-2009 - 16:40:12h

        Para Ju, desde Panamá: Tienes una mezcla de humor y realidad en lo que escribes%u2026 es interesante, deberías hacer un blog%u2026

      • 214

        CRIS - 19-11-2009 - 16:36:44h

        Por favor que pongan "AGORA" de Amenabar obligatoriamente a todos los "coles" de ambos paises y luego deberes para casa para hacer con los padres........reflexión sobre FANATISMO.


        Comentarios - 218

        • 213

          Nestor Lopez - 19-11-2009 - 16:36:23h

          Atencion que, ante la natalidad recesiva de Israel, estos tipos estan captando jovenes de las comunidades judias en latinoamerica con un mensaje incendiario para llevarlos de colonos a Israel. En Mexico en particular se esta dando lenta pero seguramente, un resurgir del fanatismo sionista que nada tiene que envidiarle al islamico. Hay en el mensaje que se difunde secretamente, anclajes teoricos de raza (lo que es falso pues noexiste "raza judia". Eso lo inventaron los nazis) de cultura (lo que tambien es falso porque la "cultura judia" de existir, es un collage hecho por inmigrantes) y de religion. Andan por ahi algunos iluminados, bien financiados, pregonando la vuelta a los 613 preceptos de la Tora y a partir de alli, a toda una concepcion tribal del Estado de Israel. Cuidado con estos tipos.

        • 212

          Lorien - 19-11-2009 - 16:36:04h

          206) por algo Rafal Nadal es tenista y no historiador, o le vas a pedir a un filologo un diagnostico médico? El sectarismo y la ignorancia española no tiene limites

        • 211

          Juan Xavier Santos Salvador - 19-11-2009 - 16:34:36h

          Israel no deberia exisitir. Es un estado creado de la nada en la década de los 40. Es como si ahora los indigenas en Peru y Ecuador quieran crear un estado puramente indigena y fomnetar el odio contra los cholos y blancos. Palestina si debe existir pero como un estado independiente y los judios estar bajo un gobierno arabe palestino

        • 210

          a la cruz con los judíos - 19-11-2009 - 16:32:47h

          #127 Martín. el rasero a los musulmanes, como tú dices, ya se lo dirieron la semana pasada en El País. no des más ideas, anda

        • 209

          Silvina - 19-11-2009 - 16:28:06h

          Estoy de acuerdo con JonBi I 182. Los ultraortodoxos, afortunadamente, son una pequeña minoría en Israel. Lo desafortunado es que existan "ultras" en todas las religiones, partidos políticos, etc., ya que todas las ideas y creencias llevadas al extremo son intolerantes, racistas y totalitarias contra los que no son del mismo bando. ¿Alguna religión o idea política que conozcáis puede tirar la primera piedra? No seamos hipócritas y dejemos de mirar la paja sólo en el ojo ajeno!!!!

          • mangstadt - 19-11-2009 - 16:26:04h

            Tan malas son las yeshivas como las madrassas en las que crían a otros jovencitos que crecen odiando y con ganas de matar. Si fuese posible suprimirlos a todos ellos sin alimentar la causa quizá se terminaría con el fanatismo. Imagine no religion....

          • 207

            Un parado mas - 19-11-2009 - 16:23:25h

            Que yo sepa en España los uncios que han asesinado civiles y niños con bombas han sido los musulmanes en aquel fatidico dia en que volaron unos cuantos trenes en Madrid. No entiendo el fin ultimo de este mensaje sectario y manipulador que lo unico que quiere es hacer que brote en antisemitismo con mas fuerza. este mensaje doctrinario de vez en cuando surgue de los hondo de la caverna progre y de izquierdas y de sus palmeros ... y luego dicen lo del rollo ese de la alianzas de civilizaciones(sic).

          • 206

            Constatador - 19-11-2009 - 16:21:57h

            Ya lo dijo Rafa Nadal: la religión es la causa de más muertes en la Historia.

          • 205

            Antonov - 19-11-2009 - 16:14:54h

            Es sumamente probable que una gran mayoría de israelíes no estén por matar niños en plan loco, pero sí que es verdad que el racismo, el etnocentrismo, el colonialismo y el creerse una especie de raza superior están firmemente asentados en la mayoría de la población israelí y que la crudeza con el enemigo forma parte de la ideología bíblica -tan seguida en ese país- y de las políticas de sus dirigentes. No nos engañemos, aunque en Israel haya figuras como Uri Avnery, esa sociedad camina decididamente hacia el fascismo, o ya es fascista. Hay que obligar a Israel a evacuar todas las colonias y todos los territorios ocupados en 1967 o imponerle duras sanciones. Toda la permisividad de Occidente está laminando su credibilidad ante los ojos del mundo. Israel gana territorios a costa de construir el desprestigio de Occidente. Y eso a largo plazo se paga.

          • 204

            Diego - 19-11-2009 - 16:14:16h

            Jaime (155):¿¡que 4000 ciudadanos de Gaza se hacen anualmente la cirugía gratis en Israel?! Si es una broma, es de muy mal gusto. A Gaza no permiten el suministro de lo más elemental, ni nada puede salir de ahí. A mí no me extraña que esos rabinos justifiquen el asesinato de niños. Ten en cuenta que las mismas autoridades israelíes ni siquiera permitieron el paso de unos payasos para que animaran a los niños de la franja: http://www.diariodenavarra.es/20090807/culturaysociedad/tres-semanas-sonrisas-ninos-israelies-palestinos.html?not=2009080712541250&dia=20090807&seccion=culturaysociedad&seccion2=culturaysocieda


            • wanderley miguel vaz - 19-11-2009 - 16:10:28h

              Mientra exitiren religión en el mundo, habrá simpre guerras y trageidas contra la humanidad. ?Cómo acabr com eso? Acabar con todo tipo de religión, no importa si es cristiana o no. Vamos acordarnos de que las mayores tragedias de la humanidad fueran cometidas simepre en nombre de Dios, como las llamadas "Cruzadas Santas" por exemplo. Elimnar seus líderes y sus símbolos religiosos, las guerras cesarán.

            • 202

              Paquín - 19-11-2009 - 16:07:00h

              La anécdota utilizada para el más rancio antijudaísmo. Generalizar nunca es bueno. ¿Qué pensaríamos si por una opinión de Martínez Camino o de Rouco Varela, o por un atentado de un yihadista español (que los hay), nos colgaran el sambenito de fundamentalistas católicos o islamistas asesinos a TODOS los españoles? Esto no es es serio, señor Muñoz.

            • 201

              Amigos de Occidente - 19-11-2009 - 16:06:55h

              Estos son, no nos olvidemos, los queridos amigos de Occidente. Los Buenos, La Victimas del Terrorismo Islámico. Pobrecitos, criaturitas de Dios. Alabados sean.

            • 200

              Melissa Segura - 19-11-2009 - 16:05:49h

              Increible una raza que fue condenada,maltratada,humillada y casi exterminada que hace razionamentos de este tipo es absurdo entonces no quedaria mas que decir que Hitler tenia razon cuando los condeno a la Shoa ...

            • 199

              augusto - 19-11-2009 - 16:04:49h

              Es producto de la mas radical mente asesina de estas personas, si ya lo hiicieron en la antiguedad con su propia gente, quien dice que no lo haran ahora con el enemigo, es brutal y digno de las peores denostaciones contra estos rabinos, ojala haya alguien que pueda parar este odio irracional.


              • Gaizka - 19-11-2009 - 16:03:26h

                El problema no es si son o no representativos de la sociedad israelí. El problema es que esas actitudes no sólo se combaten, sino que se financian por el ejecutivo de ese país. Y, por lo que yo ví, es una actitud general entre los colonos de los asentamientos. TODOS sus dirigentes defienden lo mismo. Benny Katzover, dirigente del asentamiento que visité, realmente daba escalofríos cuando hablaba. Y ma aseguraron que en absoluto era una excepción.

              • 197

                kmalrrollo - 19-11-2009 - 15:57:24h

                Mi apoyo a la opinión 176-José -(a ver si ahora sale) planteamiento impecable. Ah, otra cosa, aquí no se debate el aborto, ciñámonos al tema, por que luego las cosas se mezclan, se diluyen y al final se quedan en agua de borraja, así que vayamos por partes y sin solapar temas, que ese sistema ya sabemos que es la manipulación de algunos para que no tomen relevancia barbaridades como esta.

              • 196

                Gustavo Szneiberg - 19-11-2009 - 15:57:19h

                Yo vivo en Israel y conozco el tema. Son un grupo extremista cuyos seguidores pueden contarse en decenas, y se representan a sí mismos. Reciben subvencion del estado no por esos comentarios, sino a pesar de ellos, del mismo modo que la gran mayoría de los rabinos (que no declaran estupideces) también las reciben, porque esa es la ley del estado. No conozco a nadie que este de acuerdo con esas posiciones. Todos los repudian. TODOS. Ellos ganan solamente en un campo: consiguen que diarios como El Pais les dediquen espacio.

              • 195

                Alejandro - 19-11-2009 - 15:55:35h

                Kike. LA biología ni nada puede establecer que el embrión no sea un ser humano. A ver si dejan de una vez de tratar como ignorantes a quienes pueden ver en ese pequeño ser a un igual. Solo sabemos que el día que se engendra hay una nueva vida, y que esa vida es humana. Ese es el argumento. El número de células de un humano no tiene porque interferir en sus derechos. A lo mejor los semi-cultos que saben de pseudo ciencia no lo ven, pero ningún científico nunca ha respondido a un porqué, solo a un cómo. La biología puede contar las células, y ponerle a cada estado un nombre, así como un niño no es lo mismo que un viejo, pero que tengan diferentes nombres no hace a un dulto más humano que un niño, o a un bebe que a un feto.

              • 194

                Peio - 19-11-2009 - 15:54:11h

                Hace poco leí un comentario de Gene Simmons, cantante y bajista del grupo kiss (además de ser judío). Proponía la solución definitiva para el conflicto arabe-israelí: una invasión extraterrestre, "cuando nos invadan se nos olvidará toda esa mierda religiosa y no habrá diferencias entre nosotros. Seremos simplemente hermanos terrícolas y dejaremos de lado nuestros conflictos para luchar contra ellos". Ahí queda eso.


                • kmalrrollo - 19-11-2009 - 15:57:24h

                  Mi apoyo a la opinión 176-José -(a ver si ahora sale) planteamiento impecable. Ah, otra cosa, aquí no se debate el aborto, ciñámonos al tema, por que luego las cosas se mezclan, se diluyen y al final se quedan en agua de borraja, así que vayamos por partes y sin solapar temas, que ese sistema ya sabemos que es la manipulación de algunos para que no tomen relevancia barbaridades como esta.

                • 196

                  Gustavo Szneiberg - 19-11-2009 - 15:57:19h

                  Yo vivo en Israel y conozco el tema. Son un grupo extremista cuyos seguidores pueden contarse en decenas, y se representan a sí mismos. Reciben subvencion del estado no por esos comentarios, sino a pesar de ellos, del mismo modo que la gran mayoría de los rabinos (que no declaran estupideces) también las reciben, porque esa es la ley del estado. No conozco a nadie que este de acuerdo con esas posiciones. Todos los repudian. TODOS. Ellos ganan solamente en un campo: consiguen que diarios como El Pais les dediquen espacio.

                • 195

                  Alejandro - 19-11-2009 - 15:55:35h

                  Kike. LA biología ni nada puede establecer que el embrión no sea un ser humano. A ver si dejan de una vez de tratar como ignorantes a quienes pueden ver en ese pequeño ser a un igual. Solo sabemos que el día que se engendra hay una nueva vida, y que esa vida es humana. Ese es el argumento. El número de células de un humano no tiene porque interferir en sus derechos. A lo mejor los semi-cultos que saben de pseudo ciencia no lo ven, pero ningún científico nunca ha respondido a un porqué, solo a un cómo. La biología puede contar las células, y ponerle a cada estado un nombre, así como un niño no es lo mismo que un viejo, pero que tengan diferentes nombres no hace a un dulto más humano que un niño, o a un bebe que a un feto.

                • 194

                  Peio - 19-11-2009 - 15:54:11h

                  Hace poco leí un comentario de Gene Simmons, cantante y bajista del grupo kiss (además de ser judío). Proponía la solución definitiva para el conflicto arabe-israelí: una invasión extraterrestre, "cuando nos invadan se nos olvidará toda esa mierda religiosa y no habrá diferencias entre nosotros. Seremos simplemente hermanos terrícolas y dejaremos de lado nuestros conflictos para luchar contra ellos". Ahí queda eso.

                • 193

                  Miguel - 19-11-2009 - 15:51:13h

                  De nuevo matar niños sale barato: da igual que sea en nombre del hambre como en China, del progresismo como en la Europa del aborto libre o en de Dios. ¡Qué asco!


                  • Kike - 19-11-2009 - 15:43:10h

                    Me maravilla la estupidez y la ignorancia que muchos comentarios dejan entrever. ¿Como va a ser el aborto algo comparable a estas barbaridades sionistas? A ver, señores católicos y asociados, primero deberían ustedes intentar estudiar un poquito de biología y comprender las diferencias existentes entre embrión, feto, bebé y niño. Después, olvidar todas las patrañas que tragan domingo tras domingo en el púlpito de su sacrosanta iglesia e intentar elaborar (por vosotros mismos, no os de miedo) una postura ideológica sensata ante el aborto. Dejad la demagogia en casa y... ¡listo! Es posible que entonces alguien ajeno a vuestros podridos círculos al menos os escuche.

                  • 191

                    Peio - 19-11-2009 - 15:42:43h

                    Esto es muy serio. Si actuáramos igual que ellos deberíamos exterminar a los niños judíos porque son infanticidas en potencia. Absurdo.

                  • 190

                    leni - 19-11-2009 - 15:42:37h

                    Sionismo en estado puro. Ellos son los superiores y los elegidos. Y todavía quedará algún sector de la población que se extrañe de que sistemáticamente hayan sido expulsados en todas las épocas y de todos los territorios en donde se han asentado. Y lo peor aguantar continuamente su victimismo.

                  • 189

                    Con Claire 187 - 19-11-2009 - 15:39:00h

                    Es el mismo planteamiento. Los niños son lo más inocente, indefenso y maravillosos de este mundo. Y se trata simplemente de que la vida de un ser humano no pertenece a otro. Punto pelota. Y no todos los que estamos contra el aborto somos religiosos ni de derechas, así que a ver si dejais ya de tocar las pelotas con los fundamentalismos religiosos. No es una cuestión de religión sino de ÉTICA: la vida de un ser humano no pertenece a otro.

                  • 188

                    aguas blancas - 19-11-2009 - 15:33:35h

                    Son un horror...ellos mismos se buscan el odio de las gentes....para que despues se quejan que los odian.....cuanta gente hay todavia que pone aa Dios en frente de sus crimenes....el humano consigue en ensuciar,de odio,hasta la religion,que tendria que hacernos mejor!



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      La joven judía que descubrió a Alá

      Blog Crónicas desde Oriente Próximo, por Javier Espinosa, Mónica G. Prieto y Sal Emergui

      La joven judía que descubrió a Alá

      Maor Davidovich.
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      Maor Davidovich.

      SAL EMERGUI desde Carmiel
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      19 de noviembre de 2009.- "Sé que provoco muchísimo dolor y rabia entre los judíos. Yo nací judía y mis abuelos fueron asesinados en el Holocausto. Muchos me consideran una traidora o creen que he enloquecido. Algunos me dicen, ¿cómo has renunciado a ser judía y tirar por la borda la memoria de tus abuelos?", explica Maor Davidovich (de 19 años) una israelí de la ciudad norteña de Carmiel.

      Maor ha dejado el judaísmo. Hoy se siente musulmana. Una profunda transformación para una joven que va siempre con el velo tapando su cabeza y el Corán en mano. Su decisión originó un terremoto familiar multiplicado por las circunstancias. Basta decir que su padre es un simpatizante del movimiento ultraderechista Kaj, ilegalizado en Israel por sus ideas contra los árabes. "Somos un país muy pequeño. Y no hay suficiente lugar para judíos y árabes por lo que alguien tiene que irse y otro quedarse. Estoy a favor del tránsfer", justifica el padre, Alex.

      Entre la risa y la tristeza, Maor añade: "Creo que mi padre echaría a los árabes de Israel, incluyéndome a mí". Alex aclara que "es mi hija y siempre estaré a su lado".

      A los 13 años, empezó a interesarse en el Corán. "En la sinagoga no encontré las respuestas que buscaba. La primera vez que fui a la mezquita lloré sin parar. Salí de la mezquita con el corazón limpio y puro", cuenta la joven.

      A los 16 años, lanzó la bomba. Se quería convertir al islam. Su madre Rafeket recuerda: "Cuando nos lo dijo, nos sorprendimos y opusimos. Intentamos convencerla. Al final solo pusimos una condición, que si ésa era su decisión final que esperara a cumplir los 18 años".

      La frustración invadió a la madre. "La dije que ella nació judía y así debía continuar. Además, convertirse a otra religión es siempre complicado. No puede ser que un día se ponga el velo, entre en casa y nos diga soy musulmana, no judía".

      Pero nada o nadie la hizo cambiar de opinión. Ni tan siquiera el recuerdo del Holocausto que segó la vida de sus abuelos en Europa. "Maor lleva el nombre de mi padre, asesinado por los nazis en la Shoa y cada año venía conmigo para recordar su memoria. No sé que pasará este año", se sincera la madre.

      Maor dice entenderles: "Es normal que se sientan traicionados. A veces yo misma me siento muy mal ya que soy descendiente de personas que se sacrificaron, lucharon y murieron por conservar el judaísmo. Mis abuelos murieron solo por el hecho de ser judíos y ahora su nieta decide convertirse al islam".

      Tras abrazar el Corán, Maor buscó en Internet una familia musulmana en Israel. "No quería abandonar a mis padres pero pensé que lo mejor para mí era vivir en un entorno adecuado a mis nuevas convicciones", afirma.

      Y llegó a la familia de Ibrahim y Fatma en la ciudad árabe israelí de Um el Fajem. Sus padres -aun en estado de shock- la visitaron a su nueva casa. El reencuentro fue emotivo. Tras abrazarse, su madre le susurró: "¿Eres feliz? Si es así, yo también lo soy pese a lo que estoy sufriendo. Pero si un día te sientes mal, no te avergüences de volver a casa. Todos tenemos derecho a equivocarnos y rectificar".

      Cuando pasearon por el mercado, una vendedora intentó convencer a su madre para convertirse al islam. "De ninguna manera. No porque tenga nada contra el islam sino porque estoy bien siendo judía. Uno hace un cambio tan radical en su vida cuando se encuentra en dificultades", respondió Rafeket.

      La aventura de Maor en Um El Fajem no ha durado mucho y ya está de vuelta en Carmiel, con la cabeza tapada aun con el velo pero bien alta. "El islam que me da las respuestas. Debo estar aquí con mi familia. Rezar es Yihad. Respetar a tus padres es Yihad", añade.

      Sin estudiar ni trabajar, prefiere dedicarse al Corán y esperar que su príncipe azul se cruce en su sorprendente camino. Un príncipe que debe ser musulmán: "Mis padres saben que si me he convertido al islam lo más normal es que me case con un musulmán. Inshalá".

      Rabinos sionistas subvencionados por el Gobierno israelí explican que se puede dar muerte a niños gentiles si sus padres son malvados

      Son unos repugnantes deficientes mentales, da asco haber nacido Judio
      opinion de un Judio Español

      ____________________________________________________________

      REPORTAJE

      Cuando matar bebés es legítimo

      Rabinos sionistas subvencionados por el Gobierno israelí explican que se puede dar muerte a niños gentiles si sus padres son malvados

      JUAN MIGUEL MUÑOZ | Jerusalén 19/11/2009

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      Hace un mes varios soldados israelíes celebraron su graduación y estamparon su mensaje en una pancarta: "El batallón Shimshom no evacuará Homesh". Ese batallón pertenece a la brigada Kfir del Ejército israelí, desplegada en el territorio palestino de Cisjordania. Y Homesh es una colonia al noroeste de Nablus, desmantelada en agosto de 2005 y a la que han regresado varios fanáticos con intención de reconstruirla.

          La noticia en otros webs

          El lunes, otros seis militares imitaron a sus colegas en armas en otro acto en una base al sur de Hebrón. "La Brigada Nahshon tampoco evacúa". Son jóvenes que estudian en Hesder Yeshivas, las 62 escuelas que combinan estudios militares con el aprendizaje de la Torá. En alguna de ellas, alzadas en los asentamientos, se imparten lecciones escabrosas.

          El Gobierno israelí insiste en que toda incitación contra Israel debe ser atajada de raíz si los palestinos desean algún día vivir en un Estado independiente. La Autoridad Palestina se puso manos a la obra hace pocos años y ha recibido el aplauso del Gobierno de Estados Unidos por sus esfuerzos en los colegios. Hoy día, funcionarios del Ejecutivo palestino reciben con 24 horas de antelación los sermones que los imanes pronunciarán los viernes, y los templos se cierran una vez acabada la oración.

          Ya no se permite que los islamistas, perseguidos con denuedo, utilicen las mezquitas a su antojo para instigar el desprecio al judío. "Los espías abundan en cada rezo. La gente no se atreve a comentar nada con desconocidos", asegura Issa, un treintañero de un pueblo lindante con Jerusalén. En Gaza, estrangulada desde hace tres años y regida por Hamás, la historia es diferente: los niños maman el odio. En las mencionadas yeshivas se difunde también, y con dinero público, un odio atávico, aunque, naturalmente, la diana es el árabe.

          ¿Y qué enseñan en la yeshiva de Yitzhar los rabinos Yitzhak Shapira y Yosef Elitzur? Que en determinados supuestos, y la laxitud produce vértigo, se puede matar a niños gentiles. Para estos rabinos, paladines del sionismo religioso, el árabe, el cristiano -todo gentil- es un ser inferior, a menudo peligroso, y siempre alguien digno de desconfianza.

          ¿En que circunstancias se puede matar a bebés? "Porque su presencia puede promover los asesinatos. Existe una razón para dañar a los niños si está claro que crecerán para hacernos daño... Está permitido dañar a los hijos de un líder para presionarle con el fin de que no actúe malvadamente... Hemos visto en la Halaja [ley religiosa judía] que incluso existe causa para matar a los bebes de gentiles que no violan las siete leyes otorgadas por Dios a Noé por la futura amenaza que causarán si son criados por gente malvada como sus padres", han escrito Shapira y Elitzur en su libro La Torá del Rey: leyes sobre la vida y la muerte entre los judíos y las naciones". Se ha vendido con éxito en Mercaz Harav, una yeshiva de Jerusalén que es el buque insignia del sionismo religioso.

          El lunes, el diario Haaretz informaba de que la yeshiva dirigida por Shapira recibió fondos del Estado por valor de 150.000 shekels (27.000 euros) desde 2007. El Ministerio de Educación, según la ONG israelí Yesh Din, aportó otro millón de shekels (180.000 euros) entre 2006 y el año siguiente. El Ejecutivo hebreo ni siquiera se plantea sanciones pecuniarias.

          Shapira y Elitzur animan a sus alumnos a hacer caso omiso de las leyes civiles de su propio país. "No se necesita una decisión del Estado para permitir el derramamiento de sangre de quienes pertenecen al imperio malvado. Incluso los individuos atacados por la soberanía del mal pueden tomar represalias", escriben. La distinción entre soldados y civiles en tiempo de guerra es asunto poco relevante. "El principal esfuerzo de la guerra debe destinarse a quienes intentan matar, pero cualquiera que es miembro de la nación enemiga es considerado un enemigo".

          Son un buen puñado los rabinos que llevan décadas esparciendo semejante ideología. Durante la guerra de Gaza, el invierno pasado, se distribuyeron panfletos entre la tropa en los que se instaba a no mostrar piedad con el enemigo. El rabino jefe del Ejército, Avichai Rontzki, insistió la semana pasada en la inclemencia que debe adornar a los militares en el campo de batalla. Al Gobierno de Benjamín Netanyahu no le preocupan demasiado estas proclamas de los barbudos rabinos. Sí el desacato de los uniformados que advierten su disposición a incumplir órdenes de sus mandos. "Rechazar una orden", aseguró el martes, "significa la quiebra del Estado. No debe ocurrir, y haremos todo lo posible para poner fin a la desobediencia". Ya ha habido casos en que la policía, y no el Ejército, se ha hecho cargo de la evacuación de cientos de colonos.

          Eliezer Melamed, rabino de la colonia de Bracha, una de las más combativas en el acoso a los pueblos árabes vecinos, en las inmediaciones de Nablus, no parece dispuesto a ceder. Acaba de publicar Revivim, un libro en el que explica: "Una sencilla ley de la Halaja precisa que está prohibido para cualquier persona, soldado u oficial, participar en el estrictamente prohibido acto de expulsión de judíos de sus casas y en la entrega de cualquier porción de la Tierra de Israel al enemigo. Quien viola este precepto, viola varios mandamientos de la Torá".

          A juicio de Melamed, "la mayoría de los oficiales superiores están contaminados por la política". De una ventaja disfrutan los militares que rechazan cumplir una orden por motivos ideológicos. Por cada día que permanecen en una prisión militar -suelen ser condenados a 30 días de cárcel- reciben de una ONG israelí 1.000 shekels (unos 190 euros). Algunos jefes militares han salido a la palestra para asegurar que los alumnos de las Hesder Yeshivas son excelentes soldados, y la asociación que agrupa a las 62 escuelas talmúdicas también afirma que las amenazas de incumplir las supuestas órdenes de evacuación de colonos -muchos de ellos sirven en filas precisamente en Cisjordania- son excepcionales. No lo son tanto. Y muy poco se hace para parar los pies a esos rabinos desaforados.

          A este caldo de cultivo de la xenofobia acuden gustosos personajes como el ciudadano israelí de origen estadounidense Yaakov Teitel. Procesado por el asesinato de dos palestinos en los años noventa y por tropelías de toda índole contra policías israelíes, profesores universitarios u homosexuales, declaraba ufano en el juicio que acaba de abrirse en su contra: "Sin duda, Dios está satisfecho conmigo".


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          Comentarios - 192

          • 192

            Kike - 19-11-2009 - 15:43:10h

            Me maravilla la estupidez y la ignorancia que muchos comentarios dejan entrever. ¿Como va a ser el aborto algo comparable a estas barbaridades sionistas? A ver, señores católicos y asociados, primero deberían ustedes intentar estudiar un poquito de biología y comprender las diferencias existentes entre embrión, feto, bebé y niño. Después, olvidar todas las patrañas que tragan domingo tras domingo en el púlpito de su sacrosanta iglesia e intentar elaborar (por vosotros mismos, no os de miedo) una postura ideológica sensata ante el aborto. Dejad la demagogia en casa y... ¡listo! Es posible que entonces alguien ajeno a vuestros podridos círculos al menos os escuche.

          • 191

            Peio - 19-11-2009 - 15:42:43h

            Esto es muy serio. Si actuáramos igual que ellos deberíamos exterminar a los niños judíos porque son infanticidas en potencia. Absurdo.

          • 190

            leni - 19-11-2009 - 15:42:37h

            Sionismo en estado puro. Ellos son los superiores y los elegidos. Y todavía quedará algún sector de la población que se extrañe de que sistemáticamente hayan sido expulsados en todas las épocas y de todos los territorios en donde se han asentado. Y lo peor aguantar continuamente su victimismo.

          • 189

            Con Claire 187 - 19-11-2009 - 15:39:00h

            Es el mismo planteamiento. Los niños son lo más inocente, indefenso y maravillosos de este mundo. Y se trata simplemente de que la vida de un ser humano no pertenece a otro. Punto pelota. Y no todos los que estamos contra el aborto somos religiosos ni de derechas, así que a ver si dejais ya de tocar las pelotas con los fundamentalismos religiosos. No es una cuestión de religión sino de ÉTICA: la vida de un ser humano no pertenece a otro.

          • 188

            aguas blancas - 19-11-2009 - 15:33:35h

            Son un horror...ellos mismos se buscan el odio de las gentes....para que despues se quejan que los odian.....cuanta gente hay todavia que pone aa Dios en frente de sus crimenes....el humano consigue en ensuciar,de odio,hasta la religion,que tendria que hacernos mejor!

          Wednesday, November 18, 2009

          Los médicos censuran la gestión de Sanidad de la epidemia de gripe A

          MALGASTO DE RECURSOS

          Los médicos censuran la gestión de Sanidad de la epidemia de gripe A

          Comienza la campaña de vacunación contra la gripe A. (Foto: Oscar Monzón)

          Comienza la campaña de vacunación contra la gripe A. (Foto: Oscar Monzón)

          Actualizado miércoles 18/11/2009 14:03 (CET)
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          EFE

          MADRID.- Expertos de todos los ámbitos de la salud han censurado las medidas "exageradas" del Ministerio de Sanidad con respecto a la gripe, entre ellas, el derroche de vacunas primero contra la estacional y después contra el nuevo virus A/H1N1.

          La cuestión se ha puesto de manifiesto en el Foro sobre ética de las medidas para la protección de la población contra la gripe A, iniciativa de la Organización Médica Colegial (OMC). Algunos expertos reunidos en él han reprochado al departamento que dirige Trinidad Jiménez tres medidas que consideran "innecesarias", porque "nada o poco tienen que ver con la realidad de la situación".

          La primera ha sido la decisión de inmunizar a la población con la vacuna que tradicionalmente se venía usando todos los años para la gripe estacional cuando, ante la aparición del nuevo virus, "sólo ha representado el 4% de los diagnósticos".

          Absurdo considera también el que Sanidad haya adquirido 37 millones de dosis, bajo la previsión de vacunar al 60% de la población, pese a que, finalmente, sólo se utilizarán unos 10 millones de dosis dirigidos a los grupos vulnerables.

          La tercera cuestión puesta en tela de juicio es situar a los antivirales en las farmacias, al alcance de todo aquel ciudadano que los quiera adquirir.

          Los facultativos han esgrimido que "en la situación actual los hechos probados" son que la gripe estacional ha sido "prácticamente inexistente" y que la nueva pandemia, según se ha demostrado después de más de 500.000 casos en España, "cursa de forma benigna e incluso asintomática en el 95% de los casos".

          Pese a estas opiniones, un portavoz oficial de la Organización Médica Colegial ha señalado a ELMUNDO.es que ésta no es la postura oficial de la institución. "Las medidas que se han tomado por parte de las administraciones son correctas", ha explicado un portavoz de este foro, "pero eso no quita para que en primavera, cuando todo esto haya pasado, se emplace a un nuevo debate para analizar estas medidas y ver cómo se puede mejorar".

          En este sentido, la OMC insiste en que respeta todas las opiniones de los profesionales sanitarios (incluida la de quienes no se quieren vacunar) porque no quiere que haya "un pensamiento único". Sanidad, insisten, "lo está haciendo bien, pero hay que seguir reflexionando".

          Una vacuna 'innecesaria'

          En este contexto, la doctora Mónica Lalanda, médico de Urgencias, se ha cuestionado las garantías de seguridad de una vacuna de la que hay abiertos 310 ensayos y, de ellos, sólo dos han concluido.

          También se ha preguntado por qué tanta insistencia en que se vacunen los médicos, cuando sólo el 35% lo hace cada año frente a la estacional y únicamente entre un 5% y un 10% se contagia debido al denominado "efecto supergaleno".

          Juan Gervás, médico clínico y profesor de Atención Primaria en la Escuela Nacional de Sanidad y de Salud Pública en la Universidad Autónoma, ha aseverado que las autoridades sanitarias españolas y europeas se han saltado "el principio fundamental de la ética".

          El primer derecho no respetado ha sido el de la autonomía del paciente, en opinión del profesor, porque no se ha informado suficientemente a la gente sobre la vacunación, al "venderse, en el sentido metafórico del término, con excesivas ventajas y seguridad".

          "Esta vacuna no es ya segura o insegura, sino absolutamente innecesaria", ha sentenciado Gervás, algo que se ha probado en los países del sur, como Australia, donde se ha pasado la gripe A "con menos muertos que ningún año y sin ninguna vacuna".

          Según su criterio, las personas que han pasado la gripe tienen además la ventaja de que han quedado inmunizadas contra el virus "espontáneamente" para los próximos cincuenta años.

          Ha insistido en que no hay ensayos clínicos que garanticen la eficacia de la vacuna, un tratamiento que ha comparado con "un coche sin ruedas, que puede ser seguro, pero no vale para nada".

          Malgasto de recursos

          En cuanto a los antivirales ha recordado que cuando se autorizaron no se incluyeron en la Seguridad Social por su "inutilidad" y, por eso, ha proseguido, "me sorprende que posteriormente no sólo entren sino que además se dispensen directamente".

          Gervás ha criticado que las autoridades sanitarias se hayan preparado para lo peor, como si la gripe fuera "un ataque nuclear", algo que ha calificado de "imprudencia culpable penalmente", porque consume unos recursos que es "intolerable" que no se destinen a otros usos sanitarios mucho más acuciantes.

          El doctor no ha criticado sólo el afán lucrativo de los laboratorios farmacéuticos porque el negocio generado en torno a la gripe A es mucho más amplio. "El diablo somos todos, no sólo la industria farmacéutica", ha ironizado.

          Así, ha recordado que la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, se ha convertido en la más popular del Gobierno "gracias a la gripe A", que la OMS ha encontrado un fundamento para su "presencia en el mundo" y que los medios de comunicación se han beneficiado del "catastrofismo"

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          Tuesday, November 17, 2009

          La leyenda del Rey Bermejo 2

          -Y ¿quién habla de suspender la fiesta? Lo que hemos tú y yo de
          impedir es que tome en ella parte nuestro señor, para que podamos unidos
          desbaratar esa conjuración y apoderarnos de los conspiradores.

          -Por mi barba, que es difícil lo que intentas... Y ¿de qué medios
          piensas valerte para conseguir que el Sultán, tu dueño y el mío, falte a
          su promesa?-preguntó el arráez con visible incredulidad.

          Ebn-ul-Jathib, por toda respuesta sacó de debajo de sus ropas los
          vestidos del Príncipe, y los mostró silenciosamente a Abd-ul-Malik, quien
          al advertir su riqueza y las inscripciones bordadas en oro, que sólo podía
          usar aquél, no volvía en sí de su asombro.

          -¡Las ropas del Sultán!-exclamó.

          -Sí, las ropas del Sultán! Las que precisamente debe vestir en el
          palenque! No te equivocas! Pero las vestiré yo, y yo seré quien reciba en
          su lugar el golpe del traidor asesino!-dijo pausadamente el poeta.

          Había tal grandeza y tal majestad en la acción y en las palabras del
          esclarecido Lisan-ed-Din, que el arráez se sintió conmovido.

          -Y ¿piensas,-repuso,-que habrá de consentir semejante trueque nuestro
          joven Amir?

          -No pretendo tal cosa... Cuando la hora de adh-dhohar, que es
          precisamente el momento en que debe comenzar la justa, sea anunciada por
          el muedzín en los almenares de las mezquitas, el Sultán habrá buscado
          inútilmente estos vestidos... Tú te encargarás de entretenerle todo el
          tiempo que puedas, y como te inspire Allah; y cuando juzgues llegada la
          ocasión, muéstrale ya este escrito y dile cuanto ocurre: que no vacilará
          nuestro señor en lo que debe hacer, una vez que haya leído el mensaje y
          sepa de lo que se trata.

          -Pero...-interrumpió Abd-ul-Malik.

          -No he acabado todavía. Como tú eres quien ha de acaudillar la
          guardia y los caballeros de la cuadrilla, les obligarás a que sin ti me
          sigan y obedezcan, en la creencia de que es realmente el Sultán en persona
          aquel a quien acompañan... Para eso llevaré oculto el rostro, y lo
          llevarán también, los jinetes de mi bando... ¿Entiendes ahora, oh noble
          arráez?

          -Por mi alma, que he comprendido al cabo cuánto de mí deseas! Pero me
          toca a mí, el jefe de la guardia personal del Príncipe, caudillo también
          de sus tropas, el papel que te adjudicas!... Yo seré quien vista esas
          ropas! Yo seré quien juste por el Amir en Bib-ar-Rambla, y a mí es a quien
          corresponde la honra de derramar mi sangre y aun perder la vida por
          nuestro señor y dueño!... Dame, pues, esas prendas, y quede para ti la
          misión de hacer que Mohammad caiga en el engaño fraguado por tu leal
          ingenio... Dame, que el tiempo urge!-exclamó con generoso arranque el
          arráez, brindándose a la muerte.

          Grande fue el trabajo que hubo de costar al poeta el hacer que
          Abd-ul-Malik desistiese de su proyecto, al cual se había asido con
          tenacidad comparable a la de los malos genios, cuando hacen presa en el
          alma de las criaturas; pero vencido al fin y principalmente por la
          consideración de que su corpulencia le delataría, pues nadie podría
          confundirle con el Sultán, por ello cedió, aunque no sin pena, y
          derramando lágrimas de ternura, estrechó entre sus membrudos brazos contra
          el pecho el cuerpo flexible y elegante de Lisan-ed-Din, mientras decía con
          voz por la emoción entrecortada:

          -Oh! Con todas mis fuerzas te he de ayudar, valiente Ebn-ul-Jathib!
          Diestro eres en las armas, y en más de una ocasión has acreditado tu
          fortaleza! Allah! quiera salvarte del hierro homicida, y si a Él agrada,
          hemos de oír por mucho tiempo alegres noticias tuyas, y juntos hemos de
          asistir al castigo de los criminales!...

          -Allah te oiga y premie tus buenos deseos!-respondió el poeta.


          Y como ya el tiempo apremiaba, bajaron ambos de la torre, y juntos,
          hablando de cosas indiferentes, se dirigieron a las habitaciones que en el
          recinto del alcázar estaban destinadas para el arráez; depositó en una de
          ellas Ebn-ul-Jathib su fardo, y encaminándose a la cercana Mezquita,
          labrada en los comienzos de aquel siglo por la piedad benéfica del Sultán
          Abu-Abd-il-Lah Mohammad III,-como buen muslime, postrado de rodillas
          delante del Mihrab, elevó su espíritu por medio de la oración a los pies
          del trono del Excelso, confió a su misericordia el amparo de sus hijos, y
          pidió perdón humildemente de todas sus culpas pasadas.

          Fortalecido ya su ánimo, tornó al aposento de Abd-ul-Malik, de cuyos
          labios recibió la nueva de que todo estaba prevenido según lo concertado,
          y ayudado por el arráez comenzó a vestirse.

          Siguiendo los prudentes consejos del esforzado militar, encerró
          primero el cuerpo en el templado coselete de batalla que aquél le ofrecía,
          y cubrió también de acero sus brazos; y ocultando aquellas armas
          defensivas bajo los pliegues de la hermosa aljuba de ricomás, cruzose la
          ancha banda azul sobre el pecho, después de vestirse las demás prendas,
          colocando en aquella una de las espadas conocidas del Príncipe y que el
          arráez le había proporcionado.

          Ciñose luego la lujosa toca a la cabeza, y tomando los cabos
          flotantes del izar que de aquella pendía, cruzolos por el rostro, de
          manera que sólo quedaron al descubierto los ojos, azules y expresivos como
          los del Sultán Mohammad, con quien, así ataviado, ofrecía tan estrecho
          parecido, que produjo singular sorpresa en el arráez la semejanza.

          -¿Insistes todavía?...-preguntó éste contemplándole.

          -Más que nunca, Abd-ul-Malik,-repuso el poeta.-Ya lo ves: las ropas
          del Amir de los fieles me cubren, y no es tiempo de retroceder... Por
          Allah, que no han de sospechar sus enemigos que bajo ellas late otro
          corazón que el de nuestro señor y dueño!

          -Ciertamente! oh generoso Lisan-ed-Din! que admiro lo grande de tu
          abnegación.... Y pues el momento solemne se aproxima, permite que te
          recuerde lo grave del compromiso que contraes...

          -Demasiado lo sé,-interrumpió Ebn-ul-Jathib.-Acaso el golpe
          alevosamente destinado al Príncipe corte el hilo de mis días! Pero,-añadió
          con acento profético,-hay en el Paraíso un lugar destinado a los que
          mueren como yo moriré! Déjame, pues, y no hablemos de esto!

          -Sea como quieras!... Que Allah haga que encuentres la ventura!
          Contigo va mi corazón!-exclamó melancólicamente Abd-ul-Malik, humillado
          por el valor y la abnegación sublimes del poeta, quien por tañer la cítara
          de oro, no tenía ni mucho menos olvidado el noble ejercicio de las armas,
          en que era tan diestro como en componer cassidas.

          Cuando la voz del muedzín resonó en lo alto del minarete de la
          Mezquita de la Alhambra, pregonando el idzan para el salah de
          adh-dhohar,-lucida tropa de jinetes vistosamente engalanada y con los
          mismos colores en los trajes que aquellos que aparecían felizmente
          combinados en las ropas de que se hallaba Ebn-ul-Jathib vestido, aguardaba
          a la puerta del alcázar de los Beni-Nassares al Sultán Abu-Abd-il-Lah
          Mohammad, para tomar parte en los regocijos de Bib-ar-Rambla.

          Delante, sujetando del diestro la cabalgadura, ricamente enjaezada,
          que debía montar el Príncipe, -mostrábase, al lado del jefe de las
          caballerizas, para tener a aquél el estribo, el arráez Abd-ul-Malik, en
          cuyo semblante hubiera podido notarse la agitación de su espíritu.

          Poco después, llevando el rostro oculto por el izar, aparecía con
          paso firme el poeta Ebn-ul-Jathib, a quien todos, sin dificultad ni
          sospecha, confundieron por su apostura con el joven Sultán; y montando
          rápidamente, púsose a la cabeza de los caballeros, quienes se apresuraron
          a imitarle cruzando también los cabos del izar de sus tocas respectivas
          por el semblante. Picó luego espuelas a su caballo, no sin que hubiese
          tenido ocasión el arráez de estrechar furtivamente entre las suyas la mano
          del poeta, y desapareció, seguido de los jinetes, entre una nube de polvo,
          por el camino de Bib-al-Godór, entrando en Bib-ar-Rambla cuando, ya con
          muestras de impaciencia, aguardaban el príncipe Bermejo y los caballeros
          de su cuadrilla en el palenque.



          - XV -


          EN medio de sus meditaciones, impregnadas de aquel fantástico y dulce
          colorido que presta una imaginación joven y ardiente a cuanto la conmueve
          y excita,-como ensueño deleitoso, pareció despertar Mohammad sorprendido
          al escuchar el eco de los pregones de la salah de adh-dhohar, repetidos en
          todos los alminares de las mezquitas de Granada.

          Pasase con lentitud ambas manos por los ojos, cual si de esta suerte
          quisiera apartar de ellos y de su ánimo visiones extrañas y no todas
          lisonjeras, y se separó con esfuerzo del ajimez, con el alma agitada por
          diversas y profundas emociones, tropezando entonces sus miradas con las
          del arráez Abd-ul-Malik, quien en actitud respetuosa, permanecía de pie,
          dibujando su figura corpulenta sobre los bordados muros de la espléndida
          Sala de Comárex.

          Mirole distraído; y sin contestar a su saludo, echó a andar el
          Príncipe en dirección al espacioso Patio de los arrayanes, llegando en
          breve a sus particulares habitaciones.

          -¡Oh poderoso Amir de los creyentes!-exclamó haciendo profunda
          reverencia ante él el arráez, que hasta allí le había seguido.-La
          bendición de Allah sea sobre ti y sobre los tuyos!... Ha sonado la hora
          del regocijo, y ya desde aquí se oye resonar en Bib-ar-Rambla el rumor de
          las músicas. Que Allah te esfuerce y te proteja!...

          -Mis galas pronto, y partamos,-contestó el Sultán penetrando en sus
          aposentos.

          Aguardábale allí la sorpresa de no hallar ninguno de sus servidores;
          y como volviese con asombro los ojos en torno suyo y sólo viese el arráez,
          para quien era tarea mucho más difícil entretener al Príncipe, que luchar
          en campo abierto, cuerpo a cuerpo y lanza a lanza con los terribles
          guerreros de Castilla,

          -¿Qué es esto?-le preguntó.-¿Por qué mis servidores no se hallan aquí
          para vestirme?... ¿Cómo es que tú no te apresuras a hacerlos venir?... Por
          mi barba, que he de imponerles ahora mismo el castigo que merecen.

          -Así Allah te conceda en esta vida y en la otra el gozar sin término
          los beneficios de su bondad inagotable,-dijo Abd-ul-Malik todo tembloroso,
          y sin saber qué hacerse,-como yo te suplico ¡oh soberano señor y dueño
          mío! que me otorgues clemente tu atención breves momentos, y acaso pueda
          explicarte mi lengua ruda lo que produce tu justificada extrañeza.

          -Tú estás loco!-exclamó Abd-ul-Lah golpeando con impaciencia el
          pavimento.-Has oído como yo, y sabes como yo que ha sonado la hora de
          adh-dhohar, y ¿quieres, cuando soy aguardado en Bib-ar-Rambla, que olvide
          mi palabra prometida y departa aquí tranquilamente contigo?... Ve en busca
          de mis esclavos, y prepárate a seguirme sin tardanza!-añadió
          ardorosamente, al mismo tiempo que se dirigía presuroso a uno de los
          extremos de la lujosa estancia, pocos años antes edificada por su orden, y
          hacía allí resonar un timbre.

          A pesar de lo terminante de las órdenes, y del tono con que fueron
          dadas por el Príncipe, Abd-ul-Malik permaneció en su sitio sin moverse,
          clavados los ojos en el suelo.

          Rápidos fueron los instantes que transcurrieron de esta manera: el
          joven Sultán, asombrado de ver que no acudía nadie a su llamamiento,
          sentíase ganar por la cólera, y paseaba por la estancia como león
          encarcelado, mientras el arráez, lleno de confusión y de temores, pero con
          ánimo decidido y resuelto, cruzados sobre el pecho los brazos, le
          contemplaba con inquietud de aquella suerte, esperando que la ira del
          Príncipe estallase.

          Dominado por ella al cabo, y reparando en la actitud impasible de
          Abd-ul-Malik, detúvose de súbito delante de él Mohammad, y mirándole
          severamente, rompió el silencio, diciendo impetuoso:

          -¿Qué haces, muslime, que estás oyendo llamar a tu señor, y no
          acudes?... ¿En qué piensas, arráez?... ¿Qué demonio te posee, que cuando
          he ordenado que te preparases a seguirme permaneces clavado en ese
          sitio?... ¿Qué ocurre de extraño en torno mío?... ¿Qué significa esa
          actitud de desafío con que osas continuar a mi presencia? Por Allah, el
          Inmutable, que me están dando tentaciones de castigar con mis propias
          manos tu desobediencia y tu audacia incomprensibles! Y ya que nadie
          acude,-prosiguió impulsado por súbito arrebato,-ya que ninguno de mis
          servidores, incluso tú, arráez, oye mi voz, ni se precipita a ejecutar mis
          órdenes, cuando mi pueblo creerá que huyo cobarde de la fiesta que yo
          mismo he preparado,-sin galas, sin arreos, bajaré a Bib-ar-Rambla solo, si
          es preciso: que lugar habrá luego para saber lo que aquí sucede, y hacer
          que mi cólera descargue sobre todos vosotros!

          Y ciñendo apresuradamente la larga espada de combate, corrió a la
          puerta del aposento.

          Pero Abd-ul-Malik, silencioso, espiaba todos los movimientos del
          Amir, y al verle dirigirse en aquel estado de exaltación a la puerta,
          interpúsose diestramente extendiendo sus brazos para impedir la salida del
          Sultán, mientras caía a sus plantas murmurando:

          -Que Allah me ampare! Pero por tu cabeza, ¡oh señor y dueño mío! que
          no abandones este aposento, ni muevas tu planta fuera de él sin haberme
          oído!

          -Pues qué,-rugió Abd-ul-Lah,-¿Han triunfado por ventura mis
          enemigos?... ¿No soy yo el Sultán de Granada?...

          ¿Eres tú acaso, miserable, el encargado de apoderarte de mi
          persona?... Aparta!... Aparta, o por mi salvación te juro que habré de
          abrirme paso con mi espada!...

          -¡No pasarás, soberano Príncipe de los muslimes! Aquí me tienes a tus
          plantas!... Aquí está mi pecho, siempre leal, siempre lleno de sumisión, y
          de respeto para contigo! Allah sabe lo que hay en él oculto, y ve y
          comprende todas mis acciones! Él me librará de tu cólera! Pero no pasarás
          sin escucharme!

          -Aparta por última vez, digo!-exclamó el joven Príncipe dejando
          estallar su cólera, y desenvainando el acero.-Aparta, o por la santidad de
          Aquel que ha creado los cielos y la tierra con su palabra, que el filo de
          mi espada enviará tu alma ruin a las profundidades del infierno!...

          -Cúmplase tu voluntad, si así lo quieres!... Tú eres mi señor y mi
          dueño, y tuya es mi vida!-dijo Abd-ul-Malik Inclinando humildemente la
          cabeza, y cruzando sus manos sobre el pecho.

          No era el Sultán, aunque mozo, tan arrebatado y ciego, como para que
          en medio de su cólera no comprendiese que alguna oculta razón había para
          que el arráez, el más leal quizás de sus clientes, procediera en la forma
          que lo hacía; y como su alma era noble y generosa, sintiose a pesar suyo
          conmovido por la humildad de aquel hombre que podía sin grave esfuerzo
          desembarazarse de él, si tales hubieran sido sus intenciones. Contúvose,
          pues, Mohammad, y aprovechando semejante inesperada tregua, como
          Abd-ul-Malik juzgase suficiente el tiempo transcurrido, temeroso de
          provocar más aún el enojo del Amir, sacó de uno de los bolsillos de la
          almalafa que vestía el billete que Aixa había entregado a Ebn-ul-Jathib la
          noche anterior, y que el poeta le dejó al partir confiado, y sin atreverse
          a alzar los ojos del suelo, lo tendió silenciosamente.

          -¿Qué pretendes, insensato, con ese papel?...-preguntó Mohammad
          tomándolo no obstante, y estrujándolo colérico.

          -Ábrele, señor, y fija en lo que dice un momento tu mirada. Acaso
          halles en él la explicación de cuanto excita tu cólera contra mí, el más
          humilde de tus esclavos!-replicó el arráez con respeto, y sin abandonar la
          postura en que se hallaba.

          Con marcadas muestras de impaciencia, pero verdaderamente interesado,
          desarrugó el Príncipe el billete, y leyó con avidez su contenido,
          reconociendo al primer golpe de vista la letra de Aixa. Conforme avanzaba
          en la lectura, crecía ostensible su agitación, y sus cejas se fruncían, lo
          cual nada bueno auguraba, hasta que al postre, ciego por la cólera, que no
          trató ya de contener ni disimular, exclamó encarándose con Abd-ul-Malik,
          arrodillado siempre en el umbral de la puerta:

          -Y sabiendo lo que este escrito declara, ¿intentabas, infame, impedir
          la salida de tu señor y dueño?... ¿Has pensado, por un momento siquiera,
          que podría yo consentir, que soy tan cobarde, tan miserable y tan bajo,
          que he de dar a mis enemigos el placer de que crean que ha tenido miedo de
          ellos el Sultán de Granada?... Pero es en vano!... Si fuera preciso,
          pasaría por cima, no de tu cuerpo, sino del de mi mismo padre, así Allah
          me perdone!

          Y apartando con violento empuje al arráez, que ya no trataba de
          oponerse, lanzose Mohammad por las galerías del alcázar apellidando sus
          guardias. Alzose también Abd-ul-Malik, que todo lo tenía previsto y
          prevenido, y siguiéndole de cerca, llegó en pos de él a una de las puertas
          del palacio. Aguardaba en ella numerosa tropa compuesta de los mejores
          jinetes de la guardia, y bastantes peones, perfectamente armados todos
          como para entrar en batalla-, y allí, dispuesta aquella gente de antemano
          por orden del arráez, permanecía desde que el heroico Lisan-ed-Din había
          partido para Bib-ar-Rambla. Al ver al Sultán, separáronse respetuosamente
          los soldados, y mientras un esclavo se adelantaba hacia el Príncipe
          conduciendo un hermoso caballo encubertado que montó de un salto Mohammad,
          Abd-ul-Malik por su parte hacía lo propio sobre su poderosa yegua
          cordobesa.

          Ambos, el Sultán y el arráez, con igual impaciencia, clavaron al
          mismo tiempo los agudos acicates en sus cabalgaduras, y partieron al
          escape sin pronunciar palabra, seguidos por aquella tropa que no sin
          sobresalto, como una exhalación, vieron bajar por las pendientes de la
          Alhambra los pocos habitantes de aquel barrio y de los inmediatos, que no
          habían podido asistir a la fiesta.

          El cálculo de Abd-ul-Malik no había sido erróneo, pues ya era tiempo,
          ciertamente: porque cuando al rápido correr de los corceles desembocaba en
          el Zacatín el Príncipe, caía Ebn-ul-Jathib herido por el hierro de la
          lanza de Abu-Saîd, el Bermejo, y los conjurados aclamaban con estentóreas
          voces al imberbe Ismaîl como Sultán de Granada, entre el asombro, la
          indignación y la sorpresa del pueblo que presenciaba el espectáculo.


          Al penetrar en Bib-ar-Rambla, bastole a Abu Abd-il-Lah una mirada
          sola para hacerse cargo de cuanto acababa de ocurrir, dando como
          consecuencia en el primer momento las órdenes oportunas para apoderarse de
          los conjurados que huían, y para poner a buen recaudo a su primo y cuñado
          el príncipe Bermejo.

          Una vez hecho esto, y después de reconocida y de primera intención
          curada la herida de Lisan-ed-Din, paseó el Sultán la vista en torno de la
          plaza, procurando entre el gentío que asomaba por las azoteas y los
          ajimeces distinguir el rostro de la hechicera Aixa, no dudando de que la
          crueldad de Seti-Mariem la habría obligado a presenciar el triunfo por
          ella tan hábil como traidoramente preparado; pero su afán fue inútil, como
          era casi irrealizable su deseo. Y con el de poner término al triste cuadro
          que ofrecía aquella ciudad, estremecida por lo inesperado de los sucesos,
          y poco antes confiada y dichosa, mandaba a sus jinetes, cuyo número habían
          aumentado los caballeros de la que debía haber sido su cuadrilla en la
          justa, que despejasen el palenque y la explanada, y pensativo, malhumorado
          y triste, volvía a tomar el camino de la Alhambra, seguido como siempre de
          Abd-ul-Malik y de su tropa, dejando al cuidado del prefecto y de sus
          auxiliares el perseguir a los rebeldes y hacerse dueños de sus personas.

          Abandonada en el primer momento de sobresalto por sus guardianes, aún
          tardó algún tiempo Aixa en recobrar el sentido. Obscurecida la luz de su
          inteligencia por lo intenso de la conmoción experimentada, lo violento del
          choque sufrido y lo brusco de la transición operada en sus sentimientos,
          creyose al abrir los ojos víctima de invencible pesadilla, cuando por
          todas partes se consideró sumida en las tinieblas.

          Rota la cadena de sus recuerdos, ni fue dueño de sí propia, ni acertó
          tampoco a explicarse la situación en que se hallaba. Perdida la memoria,
          el aplanamiento era completo. ¿Estaba muerta? ¿Qué había ocurrido? ¿Dónde
          estaba? ¿Eran aquel silencio y aquella oscuridad que la envolvían, la
          oscuridad y el silencio de la tumba?... Ella no recordaba nada de su
          muerte. Sus últimos recuerdos, evocados con todo esfuerzo, alcanzaban a la
          terrible escena de la noche anterior... Acaso Seti-Mariem la habría hecho
          asesinar... Pero ¿y su amado?... ¿Cómo habría podido librarse de las
          asechanzas de sus enemigos?...

          Mas no, no debía ser aquella la tumba. No se encontraba envuelta en
          el sudario, ni sentía la opresión que deben sentir los muertos teniendo
          sobre sí la tierra que los cubre... Acaso estaría aún en su lecho...
          Quizás dentro de poco sería invitada a cruzar el sirath imponente, por el
          que sólo pasan con ánimo sereno los que han observado las prescripciones
          dictadas a Mahoma... Qué momento más solemne! Cómo reconcentraba de buena
          fe la joven su espíritu, y lo elevaba a Allah murmurando sus labios unas
          en pos de otras distintas oraciones!

          Al pronunciarlas, el eco de su voz, resonando en el espacio, hirió
          con extrañeza su oído. Los muertos no hablan pensó;-yo no debo estar
          muerta! Y como una idea despierta en pos de sí todas las que a ella se
          hallan por algún modo asociadas, hizo un movimiento, y extendiendo las
          manos, que antes había tenido recogidas, tocó con ellas el suelo frío y
          viscoso sobre el cual se encontraba.

          La impresión que hubo de experimentar fue grande; y tras breve
          momento de indecisión, durante el cual recobró con la conciencia la
          memoria de lo ocurrido, trató de incorporarse, lográndolo al cabo, sin que
          por ello sus ojos percibieran luz alguna.

          -¿Dónde estoy?-se preguntó.-¿Habré perdido la vista?... ¿No estaba
          hace un momento en aquella casa desconocida, donde fui llevada por orden
          de Seti-Mariem, y desde cuyo ajimez han presenciado mis ojos el triunfo de
          Mohammad?... ¿Estoy soñando?...

          Y con los brazos extendidos, llegó a tocar los muros húmedos del
          aposento; y recorriéndole así guiada, sólo tropezaron sus manos con el
          herraje de una puerta, que trató de abrir en vano...

          -Alabado sea Allah!-exclamó cayendo de rodillas.-Mil veces
          alabado!... Porque su clemencia infinita me ha hecho comprender la verdad
          de cuanto me ocurre! No estoy muerta!... No han cegado mis ojos, ni soy
          víctima de ninguna pesadilla! Reconozco la mano de Seti-Mariem! Ella es
          quien me tiene aquí encerrada!

          Sin hacer alarde alguno, después de pronunciadas estas palabras,
          pareció resignarse. ¿Qué le importaba, después de todo, su suerte?...
          Sabía que el Sultán había triunfado de Seti-Mariem, y esto en su
          abnegación le bastaba para estar satisfecha de sí propia, dando con
          generoso corazón al olvido su situación presente. ¿Cuáles serían, sin
          embargo, respecto de ella, las intenciones de la sultana?... Quién es
          capaz de saber lo que se oculta en las entrañas de las criaturas! Ella
          confiaba en la protección de Allah, de Allah que conocía la pureza de su
          alma, y que no desampara nunca a los que con fe invocan su santo nombre!

          Entregada a tales pensamientos, y al regocijo que inundaba todo su
          ser, a causa de la salvación del Amir, no sintió transcurrir las horas
          que, lentas, implacables, se deslizaban con la pesadumbre de los siglos,
          sin que nada turbase el silencio ni la obscuridad de aquella estancia, a
          donde con efecto, había sido conducida por orden de Seti-Mariem la
          doncella, cuando el Sultán abandonaba la explanada arenosa de
          Bib-ar-Rambla, después de la prisión del príncipe Bermejo.

          Cuánto tiempo permaneció así Aixa, jamás lo supo; sus ojos,
          familiarizándose al cabo con las tinieblas, diéronle conocimiento exacto
          de las condiciones de su encierro, cuyos muros de piedra exudaban
          constantemente un líquido negruzco, y cuyo pavimento aparecía a trechos
          encharcado; su oído, adquiriendo la finura de percepción que nace del
          silencio absoluto, distinguía sin interrupción acompasado murmullo, vago,
          confuso, sin determinación posible, pero cierto e indudable, cuya
          procedencia le era desconocida.


          En medio de aquel rumor, que no carecía de ritmo, percibió claramente
          un ruido seco, desigual, vigoroso y resonante, que no era dable fuese con
          él otro confundido, y que aumentando en intensidad, cesaba tan cerca de
          ella, que no pudo desconocer lo que significaba.

          Eran los pasos de un hombre. ¿Venían a buscarla ?... ¿Sería acaso
          ilusión de sus sentidos?...

          El girar de una llave en la cerradura de la puerta, y el rechinar de
          un cerrojo, desvanecieron bien pronto sus dudas, pues abriéndose el
          portón, apareció ante ella la figura de un hombre, que llevaba en la
          izquierda un candil de latón, encendido, cuya llama hirió de tal modo los
          ojos de la doncella, que ésta retrocedió vivamente, sin reparar en la
          fisonomía del recién venido.

          Colgó aquel hombre el candil en el muro, de una de las juntas de las
          piedras, y volvió tranquilamente a cerrar el portón, mientras Aixa,
          acostumbrándose a la luz, separaba las manos con que había instintivamente
          resguardado sus ojos, y fijaba sus miradas en aquel personaje, para ella
          completamente desconocido.

          -Ha llegado la hora!-exclamó el recién venido.-Prepárate, esclava,
          porque va a cumplirse la terrible venganza de nuestra señora la sultana
          Seti-Mariem! Allah es justo! Golpe por golpe!



          - XVI -


          EL día, que bajo tan alegres auspicios había comenzado para el
          creyente pueblo de Granada, empezaba a declinar pausada y tristemente, en
          medio del silencio medroso de aquella gran ciudad, de que hicieron a
          porfía los siervos del Misericordioso nueva y floreciente Damasco.
          Solitarias estaban las calles, cerradas, como en día de revuelta, las
          tiendas de los mercaderes en el Zacatín y en la Al-caisería, y los pocos
          transeúntes que circulaban por la población, hacíanlo con paso apresurado
          y cual temerosos de sí propios. De vez en cuando, ya algunos jinetes
          armados, ya algunos peones igualmente dispuestos, recorrían la ciudad en
          patrullas silenciosas, velando por el orden que habían pretendido turbar
          los burlados enemigos del nieto ilustre de Al-Galib-bib-Lah, a quien Allah
          haya recompensado en el paraíso.

          No resonaban ya las alegres músicas, ni se escuchaba el rumor confuso
          de las gentes reunidas en bullicioso júbilo en Bib-ar-Rambla, y que
          semejaba el del bosque azotado por la furia del vendaval, desencadenado y
          poderoso: sólo el murmullo monótono y constante del Darro interrumpía como
          un quejido el general silencio, al batir los cimientos de los edificios
          que le limitan por ambos lados a su paso por la ciudad, y deslizar sus
          aguas presurosas para incorporarse con el Genil a no larga distancia.

          Cuando cerró la noche, el aspecto que ofrecía Granada, era con verdad
          imponente.

          La luna, esquiva, había recatado el rostro, y no parecía sino que
          envolvía la ciudad de las mil torres sombrío manto de luto, según eran
          densas las tinieblas, y según era negro el cielo, donde no brillaba
          estrella alguna.

          Tan negros, tan sombríos como la noche, tan tristes como aparecía en
          Granada la naturaleza, eran los pensamientos del joven Sultán, dedicados
          todos a la encantadora criatura a quien debía la vida, y a quien había
          consagrado su alma.

          Qué lento había sido para él el día! Con qué especie de ensañamiento,
          y cual burlándose de él y de su impaciencia, había el sol, indiferente a
          las miserias de la tierra, permanecido en el horizonte hasta poco después
          del salah de al-magrib, embozándose con desenfadada majestad como en
          blanco alquicel en las nubes de nácar hacinadas en torno suyo!

          Cuántas veces ideó el Príncipe volar a la morada de Aixa, acompañado
          de sus gentes de armas, y haciendo uso allí de su autoridad, apoderarse de
          la doncella salvándola de las manos de Seti-Mariem, y llevársela consigo;
          y cuántas veces el temor instintivo que le infundía la sultana, le hizo
          desistir de sus propósitos!

          Devorado por la inquietud, vencido por la impaciencia, y sin ser
          dueño ya de resistir la ansiedad que le poseía,-desechando todo temor, no
          bien la noche cubrió de sombras el espacio, y quedaron confundidos en la
          obscuridad el cielo y la tierra, Mohammad, echando sobre sus hombros
          amplio albornoz, salió de sus aposentos de la Alhambra, y como fugitivo,
          se deslizó por el bosque sobre el Darro, abrió con mano trémula el postigo
          de la cerca, pasó con el rostro recatado, por entre medias de los soldados
          que custodiaban la torre allí levantada para defensa de la al-medina, y
          cruzando el río por humilde puente de madera, echó a andar por la alameda
          que florece al pie del Albaicín, continuando su camino por la orilla
          derecha del Darro en dirección a la ciudad, que semejaba solitaria
          macbora.

          Oprimiendo el puño de su espada, marchó con pasos precipitados,
          siguiendo a lo largo de las paredes de los edificios que le servían de
          guía en la oscuridad, y así llegó sin inconvenientes ni tropiezo alguno al
          Zacatín, por el cual penetró resuelto, y así prosiguió por las calles
          solitarias hasta encontrarse delante de la casa en que con el amor de
          Aixa, tantas y tan puras delicias había gozado.

          La calle, como todas las demás por donde había transitado, se hallaba
          desierta, y asiendo con mano febril de la argolla de hierro del portón,
          descargála con fuerza varias veces, interrumpiendo con aquellos golpes el
          silencio que reinaba.

          Momentos después, giró la puerta sin hacer ruido, y penetró en el
          jardín, dirigiéndose al edificio, que se alzaba en el extremo de la calle
          central, seguido por el portero, en quien no reparó Mohammad, y en cuyo
          rostro, a la luz del candil que aquél llevaba, habría podido ver el
          Príncipe algo de siniestro.

          Guiado por la costumbre, el Sultán cruzó el zaguán solitario y a
          obscuras, subió con el corazón palpitante la escalera que a los aposentos
          de Aixa conducía, y entró en el camarín, donde la noche anterior había
          tenido tan cerca de sí la muerte sin sospecharlo.

          A la templada luz de la lámpara, que apacible y serena iluminaba los
          delicados esmaltes y la entalladura de la techumbre, Abu-Abd-il-Lah de un
          golpe de vista recorrió la estancia.

          El estuche estaba allí, con sus muros de labrada yesería, sus tapices
          recamados, sus sitiales blandos y voluptuosos, sus almartabas ampulosas...
          Todo en igual estado que él lo había hallado siempre; pero no estaba la
          joya, no estaba la enamorada doncella, cuya presencia difundía en torno
          suyo singulares encantos, y por quien para el Sultán la estancia había
          sido tantas veces trasunto de los cielos mismos.

          Aquella soledad, tan temida como sospechada, llenole de confusión y
          de sobresalto: no era natural aquel abandono.

          Ciertos habían sido sus recelos; Aixa no estaba allí, y quizás la
          vengativa sultana habría atentado a la existencia de la pobre niña. Acaso
          aquello era un lazo... Qué mal había hecho en dejarse arrastrar por su
          deseo el Príncipe, y en no haber aquel mismo día libertado de las manos de
          Seti-Mariem a su adorada!

          Con el corazón oprimido por horrible duda, Mohammad se dispuso a
          abandonar el aposento; pero antes de que hubiera podido salvar la puerta,
          retrocedió vivamente contrariado, y como impelido por la invencible
          repugnancia que le produjo la presencia inesperada de una persona, a quien
          no pensaba encontrar en tal paraje.

          Con los labios sonrientes, irónica, provocativa y el ademán resuelto
          e imponente, Seti-Mariem avanzaba en efecto por la única salida del
          camarín, impidiendo de este modo la del Príncipe.

          -Que la paz de Allah sea contigo, y que Él te guarde y te proteja! oh
          soberano Príncipe de los creyentes!-exclamó con calculada lentitud la
          sultana, fijando los ojos con impertinencia en el bello rostro de su
          hijastro.

          -Que Él te ampare y ayude, señora mía,-respondió éste sin salir de su
          asombro, ni ocultar su repugnancia.

          -Alabada sea su misericordia, y ensalzado sea su santo nombre!-repuso
          Seti-Mariem.-Bendito sea Él, que ha consentido librarte hoy de las
          asechanzas de tus enemigos, y conservar tu vida para gloria del Islam y
          ensalzamiento de su doctrina!-añadió con acento burlón en el que se
          traslucía no obstante su despecho.

          Y como nada replicase el Príncipe a tales palabras, ella prosiguió,
          fingiendo no hacer alto en el silencio de Mohammad:

          -Ciertamente! oh señor y Príncipe mío! que será para ti extraña mi
          presencia en estos lugares; pero yo te prometo por la memoria de tu
          excelso padre y mi señor (perdónele Allah!) que si me prestas atención un
          momento, habrás de salir en breve del asombro que veo retratado en tu
          semblante.

          -Antes, señora mía, de que tus labios pronuncien las palabras que vas
          a decirme, es preciso que sepas por tu parte que nada ignoro de cuanto a
          ti concierne, que conozco tus intenciones y propósitos, que no lograrás
          ahora engañarme, y que necesito me digas sobre todo, dónde está Aixa y qué
          has hecho de ella,-contestó el Amir con energía y ya repuesto de su
          momentáneo aturdimiento.

          -A Allah está reservado el conocimiento de todas las cosas!-replicó
          en tono sentencioso Seti-Mariem con hipocresía.-Más tarde sabrás lo que
          deseas... Ahora, escucha.

          -No pases adelante sin complacerme,-interrumpió Abd-ul-Lah,
          rechazando la invitación que le hacía la sultana para que tomara asiento
          al lado suyo.

          -Tú lo quieres, cúmplase tu voluntad! Tú eres mi Sultán y mi dueño!
          óyeme, pues, y sosiega tu espíritu intranquilo,-contestó la sultana-Aixa,
          la esclava a quien tú amas y por quien me preguntas, la sierva a quien
          buscas en vano aquí afanoso como otras veces,-prosiguió procurando herir
          el corazón del Príncipe,-olvidando el amor que te juraba engañosa, goza en
          los brazos de otro más afortunado que tú los deleites celestiales que sin
          duda para ti soñabas.

          -¿Qué pronuncia tu lengua?...-dijo Abd-ul-Lah, no pudiendo a pesar
          suyo contener un movimiento de celos, que venció bien pronto.

          -¿No me crees?... ¿No sabes que Aixa es una esclava, y que la
          historia que te contó para llegar hasta ti en el alcázar, es vil
          impostura, como es inventiva el falso amor que te juraba?

          -Mientes, sultana, mientes! La herida de la lengua causa más dolor
          que la del filo de la espada! Ay de ti, si prosigues calumniando a la
          mujer que amo, porque sería capaz de todo!-exclamó ya colérico el joven,
          recordando cuánto debía a Aixa, y sobre todo lo hecho por ella para
          conjurar el peligro que había corrido él en la pasada fiesta.

          -¿Crees, desventurado, que mis labios pueden mentirte?-replicó
          Seti-Mariem sonriendo irónicamente.-¡Júrote por Allah que nos oye
          (¡ensalzado sea!) que han de decirte verdades que no te habrán de agradar
          seguramente ¡Oye, pues!

          -Dime dónde se halla Aixa, y no intentes intimidarme con amenazas que
          desprecio! Habla pronto, y por tu cabeza no aguardes a impacientarme!
          Contesta!

          -Pues bien: ¿a qué fingir? Aixa te ama, Aixa te adora sí, es cierto;
          pero jamás, ¿lo entiendes? jamás volverás a ver su rostro, ni a escuchar
          su acento, porque yo, yo, la sultana Seti-Mariem, la mujer a quien a tu
          vez amenazas, te desafía...

          Porque, ya no eres el Sultán de Granada; porque te hallas en mi
          poder, incauto mancebo! ¿Qué? ¿Creías, por ventura, desgraciado, que
          podría yo consentir tu aborrecida presencia en el trono de Granada?
          ¿Crees, así Allah me maldiga, que iba yo a conformarme con que mis hijos
          dependiesen siempre de ti, y que no anhelo para ellos otra vida que la
          obscura que les aguarda al lado tuyo? La mano de Allah, el Justo y el
          Clemente, te ha traído hoy a esta casa! Te esperaba, porque te conozco! Y
          ya que ni la fruta envenenada, que deposité yo misma anoche en el tabaque,
          ha concluido contigo, ni la lanza de Abu-Saîd, tu primo, ha cortado hoy el
          hilo de tu existencia abominada en Bib-ar-Rambla, ahora, hijo de la mujer
          que jamás dijo que no a nada, ahora, vas a fenecer a mis manos! A mí!... A
          mí, pronto!-gritó roja de ira la sultana, levantándose amenazadora de su
          asiento y dirigiendo sus gritos al interior de la casa, donde resonaban
          fatídicos.

          Desconcertado ante aquel flujo de injurias y de amenazas, Mohammad no
          halló al punto palabra alguna que responder; Seti-Mariem había a sus ojos
          rasgado el velo misterioso que encubría muchos de los acontecimientos de
          la pasada noche, que él no había logrado explicarse por completo; y aunque
          preocupado con tales pensamientos, no por ello perdió la conciencia de su
          situación ni su presencia de ánimo ante el nuevo peligro, por lo cual,
          desnudando la espada, exclamó al mismo tiempo que detenía a la sultana
          oprimiendo fuertemente uno de sus brazos:

          -Ahora me explico tu presencia en esta casa! ¿Me aguardabas, no es
          cierto?... ¿Tú y tu hijo, y mi primo Abu-Saîd pretendéis el trono que
          heredé de mi padre?... Temblad, pues, porque aún no he muerto!

          Algunos hombres invadieron en aquel momento la estancia. Armados de
          espadas, de lanzas y de chuzos, gritaban feroces amenazando al Príncipe;
          pero tenían que habérselas con un hombre fuerte, hábil e ingenioso, a
          quien ni el corazón ni el pulso flaqueaban. Eran veinte contra él; mas,
          ¿qué le importaba?... Lucharía hasta deshacerse de aquella chusma, o
          perecería vendiendo cara su vida. Arrojó lejos de sí a su madrastra, y
          buscando con la vista un lugar a propósito, escogió uno de los ángulos de
          la habitación, donde esgrimió la espada.

          -Invoca ahora, si gustas, el auxilio y la protección de Allah y de
          los tuyos, porque ha llegado tu hora, Mohammad!- exclamó la sultana
          incorporándose del suelo, donde había caído al ser rechazada por el
          Príncipe, e incitando con el gesto y la mirada a aquellos hombres, a
          quienes contenía un resto de respeto.


          -A él! ¿Qué vaciláis? ¿Es que os da miedo un niño?

          A estas palabras respondieron los asesinos blandiendo sus armas; y
          rota ya la traba del respeto que hasta entonces y a pesar suyo les había
          contenido, se arrojaron sobre el Sultán llenos de furia.

          Casi al propio tiempo, y siguiendo la orilla del río, un grupo
          numeroso de embozados se detenía delante de las tapias del jardín que
          rodeaba la casa de Aixa; y después de breves momentos, durante los cuales
          uno de aquellos que parecía ser jefe, daba a los demás órdenes en voz
          baja, el grupo se deshizo, repartiéndose los hombres que lo formaban en
          cuatro secciones diferentes que se distribuyeron silenciosas en derredor
          de las tapias, marchando al frente de una de aquellas el que los
          acaudillaba.

          Por su corpulencia y por la preocupación que ostensiblemente le
          dominaba, habría sido sin duda alguna cosa fácil reconocer en él desde
          luego al arráez de la guardia personal del Príncipe, quien temeroso de
          cuanto pudiera ocurrir al Sultán cuyos actos espiaba, habíale seguido sin
          que el Amir lo advirtiese desde que salió al bosque de la Alhambra, y
          comprendiendo por la dirección que tomó aquél al entrar en el Zacatín, el
          lugar a donde iba, había vuelto a la almedina precipitadamente, y reunido
          el número que pudo de oficiales y soldados de la guardia, habíase a buen
          paso puesto en marcha con ellos hacia la casa de Aixa por el camino más
          corto.

          Los acontecimientos de aquel día, la revelación del escrito de Aixa,
          la prisión del príncipe Bermejo, y lo que de público se decía y había
          hasta él llegado, noticias eran suficientes para excitar la legítima
          desconfianza del leal arráez, por cuya razón no había vacilado un
          instante, sospechando que la sultana Seti-Mariem, cuyo nombre era
          pronunciado como el del alma de la conjuración fracasada, no
          desperdiciaría la ocasión de ejecutar sus siniestros planes, si el Sultán
          caía incautamente entre sus manos.

          Sabía él, como lo sabía todo el mundo, que aquella casa era propiedad
          de Seti-Mariem; y guiado por su lealtad y por su instinto, como primera
          medida, juzgó oportuno rodear el edificio por sus gentes, encaminándose él
          en persona a la puerta, dispuesto a hacerla abrir, y no sin antes haber
          dado instrucciones terminantes y precisas a los oficiales que se habían
          puesto a la cabeza de los restantes grupos.

          Así que hubo llegado al portón, golpeole con la anilla de hierro, y
          pareciéndole que tardaban en abrir, disponíase a violentar la cerradura,
          cuando la puerta giraba silenciosamente, asomando por la rendija la faz
          estúpida del portero mudo, quien levantando a la altura de su cabeza el
          candil de que iba provisto, trató de ver la persona que a tales horas y de
          aquella suerte llamaba.

          De un empujón vigoroso, Adb-ul-Malik rechazó al esclavo, y abriendo
          de par en par las hojas del portón, sin hacer caso de aquel hombre, a
          quien había derribado en tierra, penetró en el jardín seguido de su gente,
          y como conocedor del terreno, dirigiose al cuerpo de la casa, de la cual
          salía confuso rumor de voces que turbaba el silencio de la noche, y entre
          las cuales creyó reconocer, alterada y casi ronca la del Príncipe.

          Sin pronunciar palabra, pero agitado poderosamente y lleno de
          zozobra, el arráez atrajo hacia sí a dos de sus soldados, que,
          acostumbrados a obedecerle, se dejaron conducir sin resistencia; y
          colocándolos inmediatos a la pared, de un solo impulso saltó sobre sus
          hombros, encontrándose por esta maniobra, casi a la altura del piso en que
          se hallaba el camarín donde el Sultán luchaba cercado de asesinos.
          Extendió allí los brazos, y asiendo el parteluz del ajimez, se detuvo
          anhelante, escuchando siempre, hasta que al cabo, dando un silbido y
          lanzando su grito de guerra, se colocó sobre el alféizar del ajimez por un
          esfuerzo prodigioso, y exclamó blandiendo el acero:

          -La vida del Sultán peligra! Adentro todos!

          Destrozando entonces con su espada las celosías, penetró en el
          aposento donde se hallaba el Sultán, defendiendo su vida.

          La situación, con efecto, no podía ser más apurada para el animoso y
          joven Príncipe.

          Al arrojarse sobre él las gentes de la sultana, su espada había
          trazado un círculo que no osaba traspasar ninguno de aquellos forajidos,
          quienes le atacaban no obstante denodados y con la confianza del número,
          que les prometía la victoria.

          Más de uno había caído ya tocado por la espada del Sultán sobre el
          pavimento, y el Príncipe, acosado de cerca, acudiendo sin cesar a todos
          los golpes de armas diferentes que le dirigían, viose en la precisión de
          retroceder hasta el ajimez, esgrimiendo incansable el ensangrentado acero.

          -¿Qué os detiene?...-gritaba la sultana.-Acabad con él pronto, que
          son siglos los momentos y sois bastantes para un niño! Animo, pues,
          valientes!

          Y agrupándose con estrépito, estrechándose con rabia y sin temor a la
          espada de Mohammad, que a cada golpe aparecía manchada, era tal el tumulto
          que no fue posible que entre él oyeran ni el silbido de Abd-ul-Malik, ni
          su grito de combate, ni la orden dada a sus gentes de penetrar en la casa.

          Comprendiendo que al postre el Sultán cedería rendido, menudeaban los
          asesinos de todos lados los ataques; y, con efecto, aunque procuraba
          animarse a sí propio, el joven Amir sentía ya que sus fuerzas flaqueaban,
          y hubiera al fin caído a los golpes de sus enemigos, si la presencia
          inesperada del bravo arráez no hubiera contenido llenos de sorpresa a los
          satélites de la sultana.

          De una sola mirada, se hizo Abd-ul-Malik cargo de la situación; y
          conociendo el riesgo inminente en que su señor se hallaba, lanzose sin
          vacilar sobre el grupo, desconcertado ya, y en breve descompuesto por el
          esfuerzo de su brazo y los golpes de su espada.

          -Valor, señor y dueño mío!-exclamó el noble arráez, poniéndose al
          lado del Sultán.-Un momento de valor, y todo habrá concluido!

          Requirió la espada el mancebo, no menos asombrado por el oportuno
          auxilio de Abd-ul-Malik que lo estaban Seti-Mariem y los suyos; y, unidos
          ambos, avanzaron sobre los asesinos, en el instante en que a los rudos
          golpes que descargaban sobre ella las gentes del arráez, caía la puerta de
          la estancia e invadían espada en mano aquellas el aposento, guiadas por
          los gritos de los combatientes.

          Al silbido lanzado por Abd-ul-Malik en el momento de saltar sobre el
          alféizar del ajimez, las tres secciones restantes de sus soldados
          escalaban por diversos puntos las tapias del jardín, y penetrando en el
          edificio, se incorporaban a los que primero habían llegado, derramándose
          furiosos en torno de los bordados muros del camarín ensangrentado, que
          tantas veces escuchó las frases apasionadas del Amir y de la infeliz
          doncella, y llenando con esto de sorda y terrible furia el corazón de la
          sultana, cuya última esperanza de salvación, la puerta misteriosa de la
          alhenia por donde pensó en huir, quedaba por tal medio desvanecida.

          -Rendíos, miserables!-gritó el arráez.-Ya veis que no podéis escapar
          con vida, y que de nada os servirá vuestro ardimiento.

          -Antes morirán que entregarse,-rugió Seti-Mariem trémula por la ira,
          y cegada por el odio, al propio tiempo que desarmando a uno de sus
          esclavos, adelantó rápida sobre Mohammad, e intentó sepultar en el pecho
          del Príncipe el acero que esgrimía.

          Pero su golpe fue en vano, pues el recio puño de Abd-ul-Malik la
          contuvo, y el arma se desprendió de las manos de la sultana, quien cayó
          sofocada por la cólera en los brazos del arráez.

          Mientras tanto, las gentes del Amir se habían apoderado de aquella
          turba de asesinos, y después de desarmarlos, sujetáronlos de dos en dos
          con fuertes ligaduras.

          -Alabado sea Allah!-exclamó el Sultán fijando los ojos lleno de
          gratitud en el jefe de sus guardias.-El ángel de la muerte parecía
          dispuesto ya a separar mi alma de mi cuerpo, y gracias a la misericordia
          de Aquel a quien todo en ambos mundos obedece, y a ti, mi noble
          Abd-ul-Malik, todavía respiro! Que la bendición de Allah sea sobre ti y
          los tuyos!

          -Oh soberano señor y dueño mío!-respondió el arráez depositando el
          cuerpo de la sultana en los brazos de uno de sus oficiales.-Demos gracias
          a Allah, que ha guiado mis pasos, y ha librado tu vida de las asechanzas
          de tus enemigos!... Mas antes, por tu salvación y la mía, señor, dime si
          las viles armas de esos malditos hijos del demonio han llegado a tocar tu
          cuerpo.

          -Tranquilízate, mi leal arráez: la sangre que adviertes en mis
          vestiduras, no es mía... Estoy sano... Pero, por mi barba, salgamos pronto
          de aquí! Urge que registremos hasta los últimos rincones de esta casa, de
          la cual no quedará mañana piedra sobre piedra! Que esos miserables y toda
          la gente que encontremos en nuestro registro, sean entregados esta noche
          misma a mi justicia, y que la sultana Seti-Mariem sea conducida a mi
          disposición al alcázar,-añadió volviéndose a sus guardias, que esperaban
          sus órdenes sin moverse.

          Y al propio tiempo que parte de estos comenzaban a cumplir los
          mandatos del Sultán, seguido de Abd-ul-Malik y del resto de la fuerza,
          daba el Amir principio, aunque inútilmente, al registro de la casa, guiado
          por el afán de descubrir el paradero de Aixa.

          Los servidores de Seti-Mariem, asustados, si no opusieron
          resistencia, tampoco pudieron calmar la ansiedad del Príncipe, quien
          llamaba por todas partes y como loco a la doncella, pues ignoraban que la
          sultana aquella mañana había hecho conducir a la joven a uno de los
          encierros de la galería subterránea, y desconocían el secreto de la
          alhenia.

          Cuando Mohammad se hubo convencido de la esterilidad de sus
          esfuerzos, con el alma cubierta de mortal inquietud y profundamente
          entristecido, tomó el camino de su regia morada, escoltado esta vez por
          Abd-ul-Malik y por sus guardias, que caminaban silenciosos detrás del
          Príncipe.

          A la mañana siguiente, hizo conducir a su presencia a la sultana
          Seti-Mariem, recibiéndola en el departamento superior de la Torre de
          Abu-l-Hachich, labrada en los días de Yusuf I, de quien tomaba nombre, y
          desde la cual se distinguía el hermoso panorama de la ciudad que se
          extendía pintoresca hacia poniente por una y otra orilla del Darro.

          Aquella mujer, de ánimo inquebrantable, compareció ante el Sultán
          agresiva y feroz como siempre. Sus primeras palabras fueron otros tantos
          insultos que despreció Abd-ul-Lah, decidido a averiguar la suerte de su
          enamorada.

          Con cinismo comparable sólo a la aversión cordial que le profesaba,
          Seti-Mariem pareció complacerse en referir a Mohammad menudamente cuanto
          concernía a la joven, de quien había pretendido hacer instrumento de su
          venganza, pero sin revelarle ni mucho menos toda la extensión de la trama
          urdida contra él, ni las secretas reuniones de casa del judío, ni los
          nombres por consiguiente de los conjurados. Sabía que el corazón del
          Príncipe era noble y generoso, y esperaba confiadamente en que aquellas
          condiciones ingénitas del Sultán, explotadas con destreza, tarde o
          temprano habrían de dar el triunfo a ella y a los suyos.

          -¿Qué te he hecho yo, sultana y señora mía, para que de ese modo
          cruel me aborrezcas, y conspires contra la vida de quien procuró honrarte
          siempre, respetando la memoria de Yusuf, nuestro señor y mi padre, a quien
          Allah ha abierto las puertas del paraíso?-preguntó el Sultán dominado por
          singular melancolía, y dando al olvido los insultos y la procacidad de su
          madrastra.

          -Que qué me has hecho!-replicó Seti-Mariem.-¿Por ventura lo
          ignoras?... ¿No te lo han dicho ya mis labios? ¿No te lo han dicho todas
          mis acciones? ¿No sabes que te aborrezco, porque tu existencia maldita es
          el despojo constante de mis hijos, a quienes has privado de la posesión de
          Granada? ¿No sabes que tu presencia es para mí como agudo puñal que
          envenena los días de mi vida, y que destroza sin piedad mis entrañas? ¿No
          sabes que tu felicidad, en el sitio que ocupas y que sin ti sería de mis
          hijos, es un reto continuo?... Y me preguntas qué me has hecho!... Te
          aborrezco, sí! Te aborrezco tanto, que daría con gusto mi parte de paraíso
          por ver correr la sangre toda de tus venas! Y si no mandas que me quiten
          la vida, mientras aliente, mientras quede en mi cuerpo una gota de sangre,
          habré de maldecirte, impío, hijo de impía, y habré de procurar sin tregua
          tu ruina y tu muerte!... En tus manos estoy: véngate ahora que puedes
          hacerlo, ya que la suerte y el demonio te protegen!

          -Calla, mujer, calla! No me hagas olvidar ¡por Allah! quien eres, y
          dime dónde está Aixa.

          -Aixa! Qué me importa a mí esa miserable criatura! Si tú no la
          amases, habría seguido su suerte; pero sé que sufres, sé que tu corazón se
          hace pedazos pensando en ella, y esa es mi alegría! Jamás sabrás lo que he
          hecho de tu amante...

          -Estás en mi poder, sultana; en mi poder están también tus hijos, y
          ellos y tú me responderán de la vida de Aixa con la vuestra.

          -Mis hijos! Ya no están en tu poder, imbécil! Yo sí lo estoy, y te
          brindo con mi sangre para que te vengues! Aquí me tienes! Soy una débil
          mujer! Puedes, por tanto, saciar tu cólera en mí, y habrás ejecutado
          hazaña propia de tu ruin espíritu!

          -Calla, Seti-Mariem!-volvió a repetir el Sultán trémulo de coraje.-No
          aumentes mi indignación y el horror que me inspiras con tus palabras...
          Pero no lograrás lo que apeteces... No conseguirás que mis manos se
          manchen con la sangre de la que fue mujer de mi padre y sultana un tiempo
          de Granada!


          -¿Qué mayor prueba de tu ruindad y de tu cobardía? Puedes vengarte, y
          no lo haces, temiendo que alguien te pida mañana cuenta de mi muerte!

          -No!... No, por Allah!... Me vengaré, sultana! Me vengaré, pues lo
          deseas y a ello me provocas, aunque hubiera de morir en seguida! La muerte
          con la venganza es preferible a la vida con la deshonra!... Quizás te
          arrepientas de haberme excitado a ella... pero será ya tarde!

          -Hiere, pues!-exclamó Seti-Mariem.-¿Qué hace esa gumía ociosa? Aquí
          está mi corazón, que te odia!

          -No es así como pienso vengarme, y tu vida es muy poca cosa ya para
          satisfacerme,-replicó el Sultán procurando calmarse, y llamando a sus
          guardias para que acompañasen a la sultana.

          Sus gritos, sus denuestos, sus injurias y sus amenazas, se
          estrellaron ante la impasibilidad del joven Príncipe, a quien la inquietud
          consumía por ignorar el paradero de Aixa; pero al fin, a viva fuerza los
          guardias lograron hacerla callar, y la obligaron a abandonar el aposento,
          donde quedó el Amir pensativo.

          -Yo la encontraré!-exclamó al cabo.-Sí, yo la encontraré, Señor, si
          tú me ayudas! Ella es mi encanto, ella es mi esperanza, y tú, que eres el
          Dispensador supremo de todos los beneficios, tú la has puesto en mi
          camino!...

          Aquella tarde, convocado el consejo de los guazires, dictó éste
          sentencia de muerte para el príncipe Bermejo y los principales conjurados
          aprehendidos; y mientras a los pocos días los pacíficos habitantes de
          Granada presenciaban estremecidos de horror la ejecución de aquella
          terrible sentencia, para escarmiento de traidores,-el príncipe Abu-Saîd,
          generosamente perdonado por el Sultán, y acompañado del arráez
          Abd-ul-Malik hasta la frontera, abandonaba el reino granadino, acariciando
          en su interior distintos proyectos de venganza.

          La sultana Seti-Mariem quedaba encerrada en una de las torres de la
          Alhambra, y sus dos hijos Ismaîl y Caîs, que habían vuelto a poder de
          Abd-ul-Lah, recibían por cárcel sus propios aposentos en la Torre, donde
          hasta entonces habían habitado.










          - XVII -

          LARGO tiempo hacía que, entregada la naturaleza al letargo laborioso
          del invierno, las crestas de Chebel-al-ôkab y de Chebel-ax-Xolair,
          aparecían cerrando el horizonte cubiertas completamente de nieve, como
          devotos peregrinos que se preparan a emprender el viaje o que regresan de
          visitar el santo templo de la Caâba (¡prospérele Allah!), envueltos en sus
          blancos alquiceles.


          Los árboles que en el verano y el otoño matizaban con la esmeralda de
          sus frondosas copas el cuadro seductor de la hermosa Granada, y que
          brindaban apacible reposo con la fresca y agradable sombra que sobre el
          alfombrado suelo proyectaban, tendían ahora sus ramas secas y desnudas al
          cielo, cual los fieles en la oración levantan sus brazos a la pintada
          techumbre de las mezquitas, y sus troncos, rugosos y retorcidos los unos
          como poseídos del demonio, húmedos y derechos los otros como esbeltos
          alminares, se levantaban tristes sobre la tierra obscura, desprovista de
          galas, o sobre la sábana reverberante, que habían tendido las nubes al
          deshacerse en menudos y frecuentes copos de nieve.

          Engrosado su caudal por el de los arroyos torrenciales que se
          despeñaban bramando desde las alturas de los montes, el Darro, con sus
          aguas revueltas y cenagosas, que parecían vestidas de luto, se deslizaba
          murmurador y sombrío entre sus orillas desprovistas de vegetación,
          estrellaba con furia su corriente contra las escarpadas estribaciones de
          la colina roja, y se arrojaba con estrépito por medio de la ciudad,
          golpeando como loco los edificios hasta llegar al punto en que huyendo de
          sí propio, buscaba en el seno del Genil legítima defensa, espaciándose
          luego por el valle, unido con aquel en perennal abrazo.

          Gris, como una coraza engrasada, estaba el cielo, sombrío a veces
          cual la techumbre de una caverna o la bóveda de un subterráneo, no sin que
          en ocasiones, y a modo de promesa celestial, recordase los días
          esplendentes de la primavera, vistiéndose de azules gasas, y testificando
          la misericordia de Allah, el Alto, con las sonrisas del sol que llenaban
          de regocijo a las criaturas, y hacían fermentar el grano en las entrañas
          de la tierra.

          Cuatro lunas, cuatro largas lunas, habían transcurrido con efecto
          desde que, triunfante en Bib-ar-Rambla, el Sultán Abu Abd-il-Lah Mohammad,
          recogido en los dorados aposentos de su fastuoso alcázar, como el sol se
          recogía en el firmamento detrás de la masa espesa de las nubes, sufría los
          tormentos horribles de la ausencia, separado de la mujer que había hecho
          latir su corazón, y había abierto su alma generosa a sentimientos para él
          nunca conocidos.

          Bien se vengaba la sultana Seti-Mariem, aun confinada en su prisión
          dentro de la fortaleza de la Alhambra!... Cuantas gestiones habían hecho
          Abd-ul-La y sus servidores para averiguar el paradero de la infeliz
          doncella, todas habían resultado inútiles... En balde, cumplidas las
          órdenes del Amir, había sido piedra a piedra demolido el edificio donde
          Aixa fue aposentada por Seti-Mariem... No parecía sino que la tierra
          abriéndose al conjuro infernal de la sultana, había ocultado en su seno a
          la enamorada del Príncipe.

          Ninguno de aquellos aposentos, donde ella tantas amarguras tenía
          sufridas, donde acarició tantas y tan risueñas esperanzas, donde por vez
          primera oyó de labios del Sultán de Granada, como ella trémulo y
          balbuciente, la declaración apasionada de sus ansias,-conservaba rastro ni
          huella alguna de la joven; ni aquel subterráneo cuya oculta entrada dejó
          al descubierto la piqueta de los cautivos nassaríes empleados en la obra
          de destrucción mandada por Mohammad, ni los departamentos húmedos y fríos,
          como silos, que en tal secreta comunicación encontraron, ni la humilde
          casa que a la otra orilla del Darro daba al subterráneo salida, guardaban
          memoria, ni facilitaban indicio aprovechable.

          Acaso la vengativa sultana había para siempre apagado la luz de
          aquellos ojos que derramaban la pasión a raudales, y paralizado con la
          muerte aquel sentido corazón, que sólo por el amor y para el amor del
          Príncipe latía!

          Tal pensaba, según los contadores de historias, el Sultán de Granada,
          cierto día, al mediar de la luna de Rabie-al-agual del año 760 de la
          Hégira(29), tristemente asomado al ajimez de la Torre de Ismaîl que se
          encarama sobre el bosque de la Alhambra, y finge contemplar desde allí las
          corrientes del Darro, que socavan los cimientos de granito de la colina
          roja.

          Detrás de él, ya completamente restablecido, aparecía con el rostro
          resplandeciente de bondad e impregnado de melancolía, como si en su pecho
          se reflejase la del Príncipe, el noble Lisan-ed-Din, y a su lado, con el
          guazir Redhuan, Abd-ul-Malik, sombrío y ceñudo, miraba el paisaje, cual si
          en los hilos sutiles de la lluvia que caía espesa, hubiera encontrado algo
          de indescifrable y misterioso.

          Permanecían los tres silenciosos hacia ya rato, y al fin, el
          Príncipe, exhalando un suspiro y con lágrimas, que no pudo reprimir, se
          apartó bruscamente del ajimez, y se dejó caer sobre un asiento, exclamando
          con acento conmovido:

          -Es más fuerte que yo!... Cuándo acabará mi angustia?...

          Deseando distraerle, Ebn-ul-Jathib se adelantó hacia él, y con voz
          llena de sentimiento, improvisó en el metro Basith unos versos, que
          comenzaban:
          «Tus ojos lloran en la triste ausencia
          de la que tu alma adora,
          cual la del sol, sin luz ni transparencia,
          el cielo también llora!
          «Volverá con la hermosa primavera
          del cielo la alegría,
          y volverá a tu pecho placentera
          la ventura algún día!»


          Al escuchar la sentida improvisación del poeta, Mohammad experimentó
          grande alivio.

          -Sí; tienes razón, Lisan-ed-Din!...-dijo el Sultán.-Oigo resonar
          dentro de mi ser la voz piadosa de Allah, que me promete ha de llegar el
          día feliz en que me sea dado volver a gozar con la presencia de aquella a
          quien lloran como perdida mis ojos, la ventura por que mi alma suspira!...
          Tú, que has sido confidente de mis ansias locas y de mis alegrías en otros
          tiempos, tú sabes cuánto padece mi corazón!... Todo parece asegurarme que
          aquella por quien peno ha bajado al sepulcro a los golpes de la venganza;
          pero hay en mí secretos impulsos que me aseguran que vive!... Si no fuera
          así, yo tampoco viviría!... Nada ha sido suficientemente poderoso para
          hacer que la sultana Seti-Mariem declare el lugar donde mandó ocultarla, y
          ni aun sus propios hijos, inocentes, han tenido sobre ella prestigio para
          arrancar una confesión sincera a sus labios!

          «Vive, sí!... Allah, en su inmensa misericordia, no habría consentido
          semejante crimen! Vive, y sufre y llora como yo, quién sabe dónde!...
          Vosotros me habéis ayudado a buscarla por todas partes, y todo ha sido en
          vano!... Allah es el Dispensador de todos los beneficios, y en su justicia
          espero!... Ensalzado sea su santo nombre!...»

          Sí; Aixa vivía. Era cierto.

          Encerrada en uno de los profundos silos de la galería subterránea
          descubierta por los cautivos empleados en demoler la casa, la doncella,
          con efecto, conducida allí durante el desvanecimiento producido por la
          presencia del Príncipe en Bib-ar-Rambla, cuando le juzgaba como todo el
          mundo asesinado alevosamente por el hierro de la lanza del príncipe
          Bermejo,-debía también experimentar igual suerte que la deparada al
          Sultán, para satisfacer así los sanguinarios deseos de venganza de
          Seti-Mariem, burlada una vez más por la joven.

          Cuando sus ojos, en la tarde que sucedió a aquella angustiosa mañana,
          pudieron soportar aunque con molestia el resplandor del candil que había
          el desconocido colgado de una de las grietas del muro, al penetrar en el
          encierro,-fijáronse con extrañeza y curiosidad en aquel personaje, quien
          adelantando hacia ella, pronunciaba con voz ronca en sus oídos las
          fatídicas palabras por las cuales no pudo dudar ya de su destino, ni de
          las intenciones con que ante ella aquel hombre se presentaba.

          No era cobarde Aixa, y demostrado lo tenía; no era tampoco su vida lo
          que le importaba... Pero la sorpresa fue en ella tan grande, que paralizó
          su lengua.

          El hombre, sin hacer alto en la impresión producida por sus palabras,
          deslió lentamente de su cintura una cuerda larga y recia que enrollada
          llevaba, y, como quien se dispone a ejecutar acción a los ojos del
          Altísimo meritoria, pareció complacerse con bárbara sonrisa en desplegarla
          a la presencia de la atónita joven, por cuyas mejillas, pálidas como el
          cáliz de la camamila silvestre, se deslizaron silenciosamente dos lágrimas
          que se perdieron entre el encaje del al-haryme que cubría su semblante.

          -Nada sucede sin la voluntad del Excelso!-dijo con
          resignación.-Ensalzado sea!

          -Haces bien, por mi cabeza, en dirigirte a Allah, porque dentro de
          poco-replicó el hombre-serás seguramente a su presencia. Aprovecha los
          instantes-añadió mientras hacía con la cuerda un nudo corredizo,-pues son
          pocos los que te quedan de vida.

          Sin duda esperaba el emisario de Seti-Mariem una explosión de quejas
          y lamentos como respuesta a sus crueles palabras, pues extrañando por su
          parte el silencio de la doncella, suspendió su maniobra, y se volvió a la
          niña, diciendo con brutal sarcasmo:

          -Puedes gritar cuanto quieras, hija mía. Nadie habrá de oírte, porque
          sobre nuestras cabezas corre el Darro, y el murmullo de sus aguas es muy
          bastante para sofocar tus gritos.

          -No esperes que mis labios se abran para exhalar queja alguna,-repuso
          dulcemente Aixa-¿De qué me serviría? Si mi muerte está decretada, cúmplase
          la voluntad del Señor de las criaturas! Estoy dispuesta.

          -Pareces valiente, muchacha! Y a fe, que más que tu conformidad
          habría querido que excitaras mi coraje con tus insultos y tus quejidos.
          Por la santa ley de Mahoma ( ¡bendígale Allah!), que tus ojos son como
          luceros de la noche y es lástima que tan pronto haya de apagarse su
          lumbre!

          Y así diciendo aquel hombre, corpulento y grande, de recios puños y
          de semblante tosco, alargó una de sus manos y con rápido movimiento, que
          ni pudo, prever ni prevenir Aixa, arrancó de un golpe el al-haryme que
          ocultaba desde el nacimiento de la nariz las facciones de la doncella,
          exclamando al propio tiempo:

          -Eres hermosa como las huríes del paraíso!... Tus labios, como la
          flor del argovan son rojos y frescos, y tus mejillas parecen el capullo de
          una rosa recién abierta... Jamás vieron mis ojos otra como tú!

          Quedó un momento suspenso contemplando el rostro de la joven; de sus
          manos se deslizaron al húmedo pavimento los cabos de la cuerda, y pasando
          su gruesa y nervuda diestra por la cara, como para desechar algún mal
          pensamiento, retrocedió cual herido, vacilante.

          Después, se inclinó pausadamente y como a pesar suyo al suelo, exhaló
          un suspiro, y volvió a tomar la cuerda, prosiguiendo la operación
          comenzada.

          En el estado en que el ánimo de Aixa se encontraba, todo aquello, que
          era un peligro, había pasado inapercibido para ella, no acertando tampoco
          a hacer movimiento alguno, mientras el hombre, con los ojos bajos unas
          veces, fijándolos otras en ella, continuaba su faena, cual si hubiera sido
          la cosa más pesada y sobremanera dificultosa del mundo.

          Al fin, dando por terminada su obra, volvió a acercarse sin
          pronunciar palabra a la joven, y se apoderó de sus manos, que ella le
          abandonó sin violencia; colocóselas a la espalda, pasó por las muñecas de
          ambas el nudo corredizo, y tiró con tal fuerza de la cuerda hacia atrás,
          que Aixa, sin fuerzas, estuvo a punto de caer al suelo.

          -No tengas miedo,-dijo el satélite de Seti-Mariem.-Procuraré hacerte
          el menos daño posible. Pero si tú quisieras...-añadió deteniéndose.


          -Por ventura, así Allah me abra las puertas del