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November 15, 2009

NACEN PALOS PARA QUEMAR Y PALOS PARA ENDORAR. Refrán sefaradí.


por: Rab.Berl Schtudiner -alias Dob Benasher-

La mirada de D”s sigue al hombre como una protectora sombra. Como estoy convencido de ello, he decidido intentar ser judío por derecho. Quiero mejorar mis conocimientos acerca del judaísmo y distinguir con perspectiva las diferencias entre estar trajinando en la ignorancia y el lodazal o vivir como judío lo que me quede de existencia. Es mi deseo participar en los rituales, obligaciones y principios de la tradición. Esta es una decisión adulta de un adulto viejo, una vez repasado cuanto aconteció en la niñez. Visto desde aquí vale la pena intentarlo.

Últimamente, con las profusas recopilaciones de apellidos con orígenes judíos que se publican, surgen por doquier descendientes de conversos. Hasta de rabinos hay líneas directas. Parece como si en la España medieval no hubiera habido más que judíos y que todos ellos hubiesen hecho caso omiso al Decreto de Expulsión, permaneciendo en este ingrato terruño. Todo ello es posible, pero lo cierto es que tengo la sensación de que en la actualidad hay muy pocos judíos en España, muy pocos bnei anusim con real conocimiento de sus ancestros y aún menos con verdadero interés en recomponer la figura. Más allá del morbo inicial, de la anecdótica relación de sus apellidos con Sefarad, de la estética pose del “llevo apellido o apellidos sefardíes”, no existen más que las procelosas aguas de la asimilación, de la ignorancia más absoluta respecto de lo judío; de lo que significó y de lo que es hoy. A la cadena de vida judía que se pueda presumir en tal o cual apellido ha tiempo que se le disolvieron los eslabones en la herrumbre del olvido. Hoy, los nietos de aquellos abuelos no son nietos judíos. Así y todo algo hay, porque en muchos de los casos producen extrañas e indefinibles compunciones oír palabras como “Israel” y “judío”, observar imágenes de Magen David, Menorah o ver fotos de Jerusalén, y de inquietud cuando las noticias de conflictos bélicos relacionados con Israel llegan a sus oídos. Son tenues o vagas impresiones de carácter étnico, sin razón de continuidad, sin ningún sentimiento religioso, ni siquiera espiritual. El tiempo es inexorable.

Viene a cuento toda esta parrafada porque recordé unas palabras de un rabino, que decían: “…Lo que realmente quieren decir (los esgrimidores de genealogía judaica indocumentada) es que su abuelo era un judío observante. Probablemente tenía barba, oraba todos los días y sabía Torá. Puede haber tenido cualquier profesión, pero era un judío comprometido”, “La solución para la continuidad judía no es un secreto, es obvia. El judaísmo viviente produce judíos vivientes. Haga por sus nietos lo que su abuelo hizo por usted, sea un ejemplo viviente de lo que significa vivir una vida judía vibrante. Ellos no necesitan que su abuelo sea rabino, sino que necesitan que sea un judío orgulloso y practicante”. Más o menos.

Aunque tiene sus matices, es difícil aplicarse ese cuento en tanto que los conocimientos que se tienen de la posible relación de su propio apellido con los de aquellos sefardíes obligados a abjurar de sus creencias se limitan a la lectura de alguna que otra publicación henchida de buena voluntad, y como tal, expendedora de humo. Pero como todo es posible, bienvenidos debemos ser los que por un motivo u otro nos acercamos anhelantes a los manantiales de conocimiento judío. Como otros, ya tengo barba; como otros, torpemente rezo todos los días, y, como otros, no sé Torá. Con este escaso bagaje pretendo hacer por mis nietos lo que mis mayores no tuvieron la oportunidad de hacer por mí: ser un ejemplo viviente de lo que significa vivir una vida judía vibrante. Como dice el rabino más arriba, ellos no necesitan ni van a necesitar un abuelo rabino -¡pobre de mí!-, sino que sea un abuelo judío orgulloso y practicante.

Todos esas ansias de mantener viva la llama, soplando sobre unos rescoldos que quizás quedaron en un rinconcito de nuestro corazón, esa expresa vocación de constituirse nuevamente en los eslabones de aquella cadena maltrecha por la ignominia, la maldad más barata y la crueldad más retorcida, son, en mi opinión, el secreto que hace indestructibles a los judíos. Un repaso a la Historia, un relato más o menos detallado de cuantos acontecimientos constituyeron a lo largo de los siglos el yunque y el martillo del Pueblo Judío, puede llevar a la errónea apreciación de que cualquier otro pueblo sin las convicciones religiosas del judío, su concepción de la ética, su moral y su compromiso con D”s, puede aplicarse la misma mecánica para perpetuarse en el tiempo. Craso y evidente error. Si YHVH no transformó aquella zapatiesta ungiéndolo con el índice, lo hizo con el meñique. El ser judío no es producto del mazal, sino de una elección. Al converso se le espera, decía yo el otro día. A eso se refería, nos dice el Libro, Samuel cuando le pregunta a Jesé:

“-¿No tienes más hijos?

-Aún queda el más pequeño, que está apacentando las ovejas.

-Manda a buscarlo”

Tomó Samuel el cuerno de aceite y lo ungió en presencia de sus hermanos y el espíritu de YHVH se apoderó de David desde aquel día en adelante.

Rab.Berl Schtudiner -alias Dob Benasher-

interjudaica@gmail.com

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